José Wenceslao Mayorga D.*
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Darío en la Gran Logia Masónica de Nicaragua
José Wenceslao Mayorga D.*
Nuestro más grande paradigma, Rubén Darío Sarmiento, al que muchísimos escritores y pensadores lo tienen como nacido en nuestro León de Nicaragua un día 18 de enero de 1867 y quien dejara imborrables huellas de su privilegiado talento, consagrado renovador de la métrica castellana; en sus muchísimas actividades por el mundo subió a todas las cumbres y se deslizó por todos los abismos, dejando a la posteridad sus extraordinarias colecciones de obras poéticas donde se puede palpar su impresionante genio y el dominio fácil de conjugar las ideas en bellísimos flujos luminosos que irradian al pentagrama del castellano, lo que por sencilla lógica engrandece a nuestra gran Patria centroamericana: “Gloria al genio”.
A su llegada a la tierra natal en 1907, ya consagrado mundialmente como el gran renovador, fue recibido apoteósicamente por sus familiares, los Darío Mayorga, su pueblo y sus grandes amigos de su niñez y su juventud que no hallaban la forma de mostrarle su admiración y cariño al hijo pródigo que regresaba por fin con su cabeza coronada de laureles para ponerlos con amor y devoción en la sien de su León, y por supuesto, ante el altar de su Patria que lo esperaba con los brazos abiertos.
Aprovechando su estancia por Managua, ya que la mayor parte del tiempo estuvo en su León tan querido, su íntimo amigo el también poeta laureado don Manuel Maldonado, lo animó para que ingresara a conocer los “augustos misterios de la Masonería Universal”. Fue así como lo llevó ante otros destacados masones nicaragüenses para conocer un poco más sobre la misma y dar ese importante paso por la vida terrenal, y especialmente en su Nicaragua natal, como en otros tiempos lo habían hecho el general Máximo Jerez Tellería, el doctor José Leonard, el doctor Juan Francisco Gutiérrez y otros sobresalientes ciudadanos que estaban brillando en nuestra Patria.
Por fin decide presentar de manera formal su solicitud, apadrinado por tres sobresalientes masones de alta jerarquía, y una vez aceptada su solicitud en la balanza masónica de la Gran Logia de Nicaragua; sus cualidades de genio natural, su patriótico humanismo comprobado y por la grandeza de su espíritu, contrario a sus debilidades humanas, salió aprobado con sólo bolas blancas por los altos dignatarios del “respetable taller” de la también muy respetable logia Progreso Número Uno del Oriente de Managua, procedimiento indispensable para ser admitido como un fuerte eslabón más de la cadena universal.
La respetable logia Progreso fijó como el gran día de su iniciación el 24 enero de 1908, es decir, esta fecha está muy cerca para llegar a los 100 años en que el bardo rey vio por primera vez la “luz que emana del Oriente” la que sin duda será celebrada en grande por la masonería nicaragüense. La concurrencia se convirtió en una gran pompa para la masonería nicaragüense, llegaron representantes de todas las logias de Centroamérica y en especial las de Nicaragua, tales como los de la Veteranos Número Cinco de Managua, la Diriangén Número Seis de León, la del Rey Salomón de Corinto, las de Granada, la Julio César de Masaya y también de la Costa Atlántica, ese día el tiempo de ceremonia de iniciación en el salón de Pasos Perdidos.
Entre los selectos dignatarios de Centroamérica estaban el eminente sabio y destacado político don Juan Ponciano y el candidato a la Presidencia de Guatemala, como lo era el general don José León Castillo; el doctor Fernando Cornejo, de El Salvador; don Policarpo Bonilla y el general Guadalupe Reyes de Honduras; así como los doctores Ricardo Adluvin y Paulino Villalobos, también del mismo país; los eminentes profesores don Virgilio Salazar y Juan Bautista Jiménez, de Costa Rica. Y entre los notables masones de Nicaragua estaban el eminente historiador José Dolores Gámez, el doctor Rodolfo Espinoza R., Juan Francisco Gutiérrez; por supuesto que el poeta Manuel Maldonado su gran amigo personal, don Rafael Zenón Rivera, don Manuel Reyes Mayorga, el poeta y periodista don Román Mayorga Rivas, don Enrique Dreyfus, el doctor José W. Mayorga, don Fernando Levy, don Salomón Ibarra Mayorga, don Ángel Caligaris, don Napoleón Re, don Carlos Harding y nada menos que el eminentísimo maestro de juventudes profesor don José Leonard a cuya gloria posteriormente se erigió el templo masónico moderno que derribara en 1972 el furioso terremoto de Managua; don Emilio y Alonso Castelar, don Dionisio Martínez Sanz, un español nacionalizado nicaragüense, don Francisco J. Medal, don Luis Mena Solórzano, don Antonio Medrano, Manuel Pasos Arana, don Alberto Gámez, don Ernesto Somoza, el doctor Absalón Rojas, el gran unionista centroamericano doctor Salvador Mendieta, el doctor Francisco G. Miranda. Y una cantidad numerosa de jóvenes masones fuertes columnas de las diferentes logias que constituían la Gran Logia de Nicaragua.
(Esa noche el genio “vio la luz que emana del oriente”, la ceremonia de iniciación fue estupenda, para Rubén fue dar un paso trascendental en su vida de profano como lo dieron otros grandes centroamericanos y nicaragüenses tales como el gran unionista general Francisco Morazán y el doctor y general don Máximo Pérez Tellería, a quien Darío admiraba sobremanera y el padre Francisco Calvo de Costa Rica).
Rubén Darío llegó a Nicaragua con grandes inquietudes sobre los problemas que agobiaban terriblemente a su Patria y a la humanidad entera, los consideraba como un gran peligro para el mundo, pensaba que una clase se presentaba frente a la otra en pugna, la una orgullosa y fuerte amenazaba a la otra sufrida y débil, las dos pensaban en violencias y ninguna en armonía que era la base de la paz y el progreso de Nicaragua. Pensó que la mejor vía para resolver esas graves contradicciones sociales estaba en la masonería, obligada a resolverlos. ¿Cómo? Proclamando la unión, el equilibrio de los derechos sociales estableciendo la paz por medio de la persuasión y la justicia social entre los grupos: el capital y el trabajo.
Por sus múltiples compromisos, Rubén permaneció muy poco tiempo en Nicaragua después de haber recibido “la luz” y emprendió nuevamente su recorrido por otros países hermanos, pero esta vez, llevando en su mente los sagrados principios de la Gran Fraternidad Universal, transmitiendo a los poderosos y a los humildes de la tierra, sus mensajes de libertad, igualdad y fraternidad. El genio indohispano indudablemente que salió fortalecido moral y espiritualmente de su patria, y se comentó que muchos presidentes masones tuvieron la gran satisfacción de recibirlo y escuchar sus mensajes de paz y unidad, visitó muchas logias y platicó sobre los problemas que agobiaban al mundo abiertamente dentro de los más claros conceptos que podía hacerse entre “La escuadra y el compás” que nos une y representa la “cadena universal irrompible” de esta hermosa hermandad que siempre se mantiene haciendo el bien para la humanidad en el mundo.
Gloria a la masonería universal, gloria a su labor humanitaria y que Rubén Darío, columna fuerte de nuestra fraternidad, nos inspire siempre para hacer de Nicaragua la Patria con la que siempre soñó, aunque la Patria es pequeña, uno siempre grande la sueña.
* El autor es maestro masón