Rubén Darío, en nuestra sangre

Farly Francisco Cruz Ramírez

Hoy 18 de enero se cumplen 138 años del nacimiento de nuestro más insigne poeta: Rubén Darío, un artista que trascendió la frontera del arte y la literatura, un hombre que transformó el concepto de la prosa y el verso, una persona que renovó los moldes estróficos tradicionales y dejó su profunda huella de originalidad en cada una de las letras que tocó y trastocó magistralmente con el pincel de la perfección y el detalle.

Rubén Darío es el principal orgullo de Nicaragua, porque es el representante máximo de nuestro conocimiento, de nuestras costumbres y de nuestra idiosincrasia nicaragüense.

Su increíble capacidad innata lo llevó a ser uno de los principales poetas universales, hasta el punto de ser proclamado Príncipe de las Letras Castellanas. Rubén es el principal símbolo de la cultura y la libertad artística que tenemos en el país.

A través de su obra literaria nos encontramos con temas de toda índole, que de una manera u otra nos hacen reflexionar acerca del amor, la mujer, la sociedad, la justicia, etc. Cada una de sus obras, tanto en prosa como en verso, nos trasladan a un mundo de misticismo y ensueño, a un mundo de placer literario en donde cada uno de los símbolos usados por el poeta forman una galería impresionante de elementos llenos de belleza y significado artístico.

Es necesario que los estudiantes nicaragüenses aprendan conocimientos básicos sobre la vida y obra de nuestro poeta, porque es muy triste preguntar a algún alumno, ya sea de secundaria o universitario, e inclusive profesionales que no saben ni siquiera la fecha de nacimiento y muerte de Darío, mucho menos cuáles son sus principales obras.

La educación debe estar cimentada sobre principios y valores morales y religiosos que fomenten el amor a la Patria; y qué mejor el ejemplo digno que representa Darío para el país y el mundo entero.

Promovamos el estudio y el amor por Rubén Darío, para que las futuras generaciones se den cuenta quién fue este gran personaje y aprendan a darle el valor que se merece.

Todos los nicaragüenses debemos conocer la historia de nuestro gran poeta, independientemente de nuestra profesión, condición social, partido político, etc, y manifestarla con mucho orgullo y decoro, para poder hacer realidad la bella frase de Darío: “Si pequeña es la patria, uno grande la sueña”.

Debemos soñar con una Patria libre y soberana, en donde todos estemos dispuestos a levantar el nombre de Nicaragua; así como un día lo hizo Darío.

Trabajemos por cultivar valores y principios en nuestros niños y jóvenes, para que crezcan llenos de amor por el prójimo y por su Patria.

Dejemos atrás los revanchismos, los juegos políticos, las envidias y pidamos a Dios que fortalezca nuestra mente y nuestro espíritu, para que con su ayuda logremos cambiar nuestro presente y nuestro futuro.

Dios Salve a Nicaragua.

El autor es profesor de Español

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