¿Qué debemos hacer con los partidos políticos?

Miguel Rosales Ortega

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¿Qué debemos hacer con los partidos políticos?


Miguel Rosales Ortega




Recientemente se celebró en Costa Rica un taller denominado Agenda para el Fortalecimiento de los Partidos Políticos en la Región Centroamericana y República Dominicana, organizado por el Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) y el Centro de Asesoría y Promoción Electoral (Capel); el tema fue abordado con toda propiedad, rigor técnico y unidad temática.

A través del debate e intercambio de ideas y experiencias, los participantes, entre ellos, politólogos, académicos y dirigentes políticos centroamericanos llegaron a valiosas conclusiones que definieron las prioridades de trabajo en lo que debe ser una amplia agenda para las acciones futuras en Centro América y en un tema que resulta impostergable: El fortalecimiento de los partidos políticos.

La primera conclusión, y debo reconocerlo, no menos sincera que admirable a la que llegaron los propios actores políticos (léase, los dirigentes de los partidos políticos del istmo) fue aceptar en público y sin sonrojo alguno que sus organizaciones políticas se encuentran inmersas no sólo en una crisis, sino en varias crisis, simultáneamente.

Encuesta tras encuesta presentada en el taller, independientemente del país seleccionado, lo confirmaba. Para una muestra lo siguiente: El Latinobarómetro 2003, indica que en los últimos seis años (1997-2003) en 17 países de América Latina la confianza de la ciudadanía hacia los partidos políticos se ha erosionado en un promedio del 17 por ciento; es decir de un 28 por ciento de confianza ciudadana que existía en 1997 se ha pasado a un 11 por ciento en el 2003.

En términos generales esta pérdida de estima de los ciudadanos hacia los partidos políticos pareciera provenir (entre otras cosas) de cierta negligencia en el desempeño de sus principales roles en el proceso democrático. Esta serie de debilidades funcionales que enfrentan los partidos los obligan a esquematizar de forma urgente su propio “mapa de crisis” y paralelamente el “mapa de rutas” como capacidad de reacción y/o adaptación a un entorno partidario complicado: políticamente hostil, económicamente escéptico y socialmente apático.

Sin embargo, aún más alarmante que lo anterior es el dato de que el 66 por ciento de los latinoamericanos también está insatisfecho con el funcionamiento de la democracia, como la forma de gobierno que rige sus destinos económicos y sociales. La tentación de retornar hacia un sistema político conocido por sus abusos y extremos o quizás la desviación hacia un sistema desconocido es una posibilidad latente y manifiesta.

Por estas razones no fue extraño que durante el taller estuviera claro que la democracia y los partidos ya han dejado de estar bajo sospecha, para encontrarse ahora en la mira de los ciudadanos y privados ambos del beneficio de la duda. Pero también existe consenso en el hecho que “desarrollar una democracia sin partidos es impensable” (E. Schattschneider. 1942. Party Government. New York. 1942).

Así las cosas, ¿qué hacer con los partidos políticos para que finalmente los ciudadanos no tengan que dejar de pensar en la democracia como forma de organización política?

Al respecto, según la conclusión final del evento, lo relevante y urgente es contar con partidos políticos fuertes, permanentes, confiables y funcionales, que permitan salvaguardar la presencia de la democracia en la región. Para ello es indispensable que los partidos políticos reflexionen y actúen en torno a las reformas internas que deben impulsarse, o que se están impulsando, en tres frentes o vértices de estudio: institucionalización, democratización y transparencia.

Finalmente, quedó definido en San José que estos amplios frentes constituyen la ineludible agenda para el fortalecimiento de los partidos políticos en la región centroamericana. Esto es lo que hay hacer con los partidos políticos dado su rol, cuestionado, es cierto, pero aún insustituible de enlace entre la sociedad y el Estado y su papel central en la conducción de los procesos democráticos.

El autor es miembro del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) del PLC y diputado ante la Asamblea Nacional.

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