Fiscales electorales: los olvidados de los partidos

Arcadio Xavier Arana [email protected]

La palabra fiscal tiene varios significados: observar, criticar, vigilar, preservar, cuidar, etc. Existen los fiscales judiciales que componen el Ministerio Público, órgano que en derecho penal su misión es promover la acción de la justicia en defensa del derecho, el orden jurídico y la legalidad vigente. Protección por tanto de los derechos de los ciudadanos y del interés público.

Por ello, aunque la víctima de un delito no formule la correspondiente denuncia, el ministerio fiscal es el responsable de iniciar el procedimiento, pues, aunque a la víctima no le convenga o no le interese que el autor del delito sea procesado, a la sociedad no le interesa que tales conductas ilícitas tengan lugar. Por eso el papel del fiscal es muy relevante en los países anglosajones, donde cada vez que se abre la sesión de un juicio, se pronuncian fórmulas del estilo de “el Pueblo contra el señor X”, que subrayan que así como el acusado es defendido por su abogado, al fiscal corresponde la representación y defensa, no ya de la víctima, sino de la propia comunidad agredida por la comisión de un delito.

También en derecho privado el fiscal interviene en los procesos civiles, en ocasiones como asesor del juez y a veces como parte interesada en el proceso, siempre como garantía de un mejor cumplimiento del derecho.

Pero existen, además, los fiscales electorales que representan a cada partido político en los diferentes comicios, y que son los encargados de cuidar el voto de su partido, como un padre que cuida a sus hijos. El fiscal electoral representa a una organización política con derecho a impugnar arbitrariedades que se presenten en una determinada votación. Esta persona lucha por el voto que le va a dar a un candidato un puesto público, es decir en otras palabras, él muere para que otros vivan.

Desde las elecciones presidenciales de 1990, y las siguientes, existen personas que han cuidado el voto de los partidos más fuertes, con gran esfuerzo y dedicación, sin dormir, peleando, cuidando y contando cada voto.

En las pasadas elecciones municipales de noviembre del 2004 hubo un partido, de los más grandes en Nicaragua, que en algunas Juntas Receptoras de Votos no tenía fiscales del todo. ¿Debido a qué? A que son olvidados por las personas a quienes les cuidan el voto. Después de electo el candidato se les esconde a los fiscales, le prometen y no le cumplen, le engañan, le niegan una beca para el hijo que quiere estudiar, el fiscal no quiere que le den, quiere medios para trabajar, como préstamos, capacitación técnica, porque los fiscales son en su mayoría del campo nicaragüense y son luchadores. Pero estas personas en su olvido no son las perjudicadas. El perjudicado es el partido mismo, porque ¿quién va a cuidar el voto en las próximas elecciones? El que cuida el voto es el pobre y el más olvidado, pero como dice el Eclesiastés, todo tiene su tiempo.

El autor es Abogado y Notario Público

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