Nicaragua, rehén del chantaje

Cornelio Hopmann

Estamos viviendo un tiempo en el cual, para satisfacer sus ansiedades personales de poder y riqueza, dos caudillos y sus secuaces están tomando a todo el país como rehén, chantajeando no solamente al país y a toda sus población sino en particular a los entes externos, cuyas contribuciones financieras evitan el colapso económico. Este chantaje consiste en intentar obligarlos a seguir cooperando en aras de los pobres y humildes del país, pero aceptando que los dos grupos causantes de tanta miseria se sigan saliendo con la suya. Sin embargo la historia propia del país enseña que, cediendo a semejante chantaje, solamente se prolongará el sufrimiento.

No fue antes de que EE.UU. dijera un rotundo “no” a las exigencias de Somoza Debayle, que éste diera por perdida su causa y saliera de Nicaragua. Antes siempre los Somoza habían logrado perpetuarse chantajeando: “o nosotros o el comunismo”.

La Dirección Nacional no se molestó en buscar cómo encontrar una salida negociada, mientras contaron con el suministro de armas por el bloque soviético y de otros insumos por países solidarios con el pueblo de Nicaragua, no con ellos. No es hasta el “no” de la Unión Soviética y del grupo de países amigos, que el chantaje: “o nosotros o el imperialismo”, se terminara y con él el fratricidio.

Desde 1990 por acá se pudo ver cómo cerca de 15 mil millones de dólares en cooperación externa se han esfumado, casi sin dejar huellas. La gente decente de Nicaragua observó, además, atónita, cómo unas pandillas de cuello no tan blanco hicieron suya —dentro y fuera de la ley— la herencia en fincas, empresas, casas y terrenos, que había dejado el colapso del proyecto sandinista.

Pretextos no hicieron falta: la desmovilización del Ejército y la Resistencia o la privatización de las empresas, sólo que hoy día casi ningún desmovilizado o trabajador sigue como dueño de algo. La posible retoma del poder por el FSLN bastó para cerrar los ojos ante el robo directo y descarado desde de las arcas del Estado. Al fin, las devastaciones dejadas por el Mitch promovieron de nuevo la complacencia externa: si no con este Gobierno, ¿con qué otro se hubiera podido socorrer a tantos en penuria?

Para colmo, los malhechores ya notorios pretenden ahora obtener la bendición no solamente del Cardenal y el pueblo, sino —y más importante para ellos— de los entes externos, para tomar el poder como los únicos legítimos y plenipotenciarios representantes de país y pueblo, chantajeando de nuevo: “o nosotros o el caos”.

Me parece más conveniente para el país y su pueblo que se les debe contestar con un rotundo “no”, señalando no tácitamente sino abiertamente que cercándole por los cambios constitucionales y demás leyes al Ejecutivo su espacio constitucional y legítimo se cambiarían las bases contractuales de los convenios firmados en asuntos de cooperación externa y de la condonación de la deuda externa. Aunque por cierto corresponde a una decisión soberana de la Asamblea aprobarlos o no, es igualmente decisión soberana de los que donen o den crédito a Nicaragua y bajo qué condiciones lo hagan o no lo hagan.

Cediendo a los chantajistas nunca se liberará al rehén inocente que es Nicaragua entera.

El autor es especialista en informática.

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