El Cardenal y el Estado

César Augusto Bravo Vargas

Fue el 17 de febrero de 1926 que don Abraham Obando se presentó ante el registrador civil de las personas de la Alcaldía de La Libertad, Chontales, a inscribir a su hijo de siete días de nacido, sin percatarse quizás de que tal acción era una manera diferente de reescribir el cuento de la Cenicienta. Ese instante de las 3:00 de la tarde quedó retratado en el Tomo 1 del Libro de Nacimiento de las Personas, en el Folio número 6, Partida de Nacimiento número 15 que literalmente dice: se presentó don Abraham Obando, mayor de edad, agricultor y de este domicilio —La Libertad— diciendo que el día 10 de febrero de 1926 al mediodía, nació sin señas particulares, en la comarca de Babilonia, un varón que se llamará Miguel Purificación Bravo, hijo ilegítimo de Nicolasa Bravo, quien es mayor de edad, soltera de oficio doméstica y de este domicilio.

Con total seguridad me atrevo a aseverar que si Su Eminencia Reverendísima tuviera la magnífica potestad de reescribir su origen tan humilde, de hecho lo haría sin descuidar el más mínimo detalle, procurando, a la vez, de no alterar ni en lo más mínimo la vida que tan gustosamente le place disfrutar. Los detalles sobre su origen irían desde la elección de mejores alternativas biológicas (rubio, ojos azules, etc.) hasta la búsqueda de un mejor país para nacer: Francia, Estados Unidos, ¡ah! Italia.

Es difícil no asociar este personaje con otros que en el transcurso histórico guardan semejanzas en sus actitudes y procederes. Por ejemplo, en el libro El Burdel de las Pedrarias el novelista de los ojos verde retoma el diálogo que se celebró en el año 1532 entre el obispo Diego Álvarez de Osorio y Doña Isabel de Bobadilla, cuando el obispo le dijo: “No se olvide darle jugosas contribuciones a la Iglesia por las ganancias que obtenga de sus encomiendas” (el burdel). Esto es cierto hasta nuestros días si consideramos que el Cardenal recibe jugosos emolumentos (pago) cuando en una inauguración da su bendición a la obra. En 1804 el Papa Pío VII corona a Napoleón Bonaparte, emperador de Francia. A cambio le fueron reivindicadas todas las propiedades de la Iglesia que antes le habían sido confiscadas. El 16 de julio de 1979 el Cardenal, en nombre de la Iglesia, le declara la guerra a Somoza y como efecto contrario le da respaldo a la Junta de Gobierno que tanto castigaría al pueblo y a cambio de… los detalles incumplidos por el Frente quedaron escondidos debajo de la mesa.

En 1870, como resultado del Concilio Vaticano I, se deja por sentado que el Papa era infalible, que no se podía equivocar cuando creía interpretar la voluntad de Dios. Si el Papa no erraba nunca la Iglesia no debía debatir, sino obedecer. Las repercusiones de este craso error hasta la fecha siguen vigentes, pues muchos creen —como en aquel Concilio— que el Cardenal no se equivoca y es lo que más hace.

El día 9 de diciembre corriente el Diario LA PRENSA publica en primara plana la explicación desgarradora que brinda a don Purificación el primer magistrado de la Nación, don Enrique Bolaños, tratando de hacerlo entender de que él no ha realizado ninguna gestión para su destitución. Otro error porque si él lo hubiera hecho, con esa acción estaría rescatando la esencia del liberalismo que propugnaba por un Estado laico.

Para el vate chontaleño Guillermo Rothschuh, ya existe un nuevo triángulo llamado el triángulo de La Libertad, encabezado por el Cardenal seguido por Daniel Ortega y el sucesor de la jefatura del Ejército, Omar Hallesleven, considerando que estas tres personas son chontaleños de La Libertad. Dios ha de querer que éste último no llegue a hacer tanto daño como han hecho los dos primeros.

Luego que el doctor José Damicis Sirias Vargas le entregara la Alcaldía de Santo Tomás a sus compañeros de pacto, los sandinistas, pese a la clara victoria del Apre, retoma una frase del cardenal Obando que dice: en la política, las verdades son simples calumnias.

Cuando en el año 325 después de Cristo Constantino introdujo al catolicismo los trajes de lujo, la adoración de imágenes y demás costumbres paganas, la Iglesia Apostólica y Romana se resiste a los cambios y por ende da traspiés a cada paso. Por eso no entiendo por qué el adormecimiento de los nicaragüenses, si alguien debería exponer ante el Vaticano la necesidad de que el Cardenal deje de inmiscuirse en los asuntos de Estado y políticos. Con justa razón Jorge Luis Borges una vez dijo: Un paraíso que se parece al Vaticano, esa es mi idea del infierno.

El autor es escritor chontaleño.

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