Róger Fischer S.
Cuando los nicas hablamos de beisbol nos ponemos de acuerdo sobre los jugadores: los mejores pitcheres, bateadores, infielderes y jardineros. Pero cuando se trata de equipos es más difícil. Los chinandeganos creen que su “team” es el mejor, los granadinos piensan en los tiburones, los comeyucas se vuelven fieras, los leoneses sueñan con el León y los managuas mueren por el Bóer. Los nicaragüenses tenemos muchas cosas en común que nos unen y unas pocas que nos separan.
Se nos hace un nudo en la garganta cuando oímos el Himno Nacional en el extranjero, o escuchamos Moralimpia, Así es Nicaragua, Sinceridad, El solar de Monimbó, El zanatillo, María de los guardias, Viva León jodido y tantas canciones de nuestra vibrante música que nos emocionan y aproximan.
El paisaje exuberante nos mantiene unidos. Las escenas maravillosas de Chiltepe sobre el lago y la vista de Managua, el imponente Momotombo, la ruta volcánica con el Cerro Negro, Telica, Casita, Chonco, San Cristóbal y Cosigüina. La maravilla del Cocibolca, Granada y sus isletas. El viejo Mombacho y el espectacular ocho que dibujan el Concepción y el Maderas para formar la Isla de Altagracia en Rivas… los misterios de nuestras lagunas con sus ojos verdes y a veces azules y nuestras playas extensas y cercanas, cálidas y esplendorosas; todo esto nos une. No tendría espacio suficiente para puntualizar cada uno de los atractivos del centro y norte del país como el Museo de Juigalpa, el Castillo de la Inmaculada, Solentiname y su archipiélago, el majestuoso Río San Juan, las sierras y colinas de Boaco, los llanos Chontaleños, Selva Negra en Matagalpa, el Disparate de Potter en Jinotega, el imponente Río Coco que cruza el norte de Nicaragua y pasa por Madriz (que curiosamente tiene forma de pistola) y sigue por Nueva Segovia bautizada por Diego de Castañeda en 1543 para quedar bien con Rodrigo de Contreras. Toda la geografía de Nicaragua nos une y enorgullece: Corn Island, Laguna de Perlas, Bluefields, San Juan del Norte y los Cayos del Caribe, para saltar de encanto en esplendor y encontrar en cada paraje una fuerza superior que nos hace ser un solo pueblo.
Y qué decir de nuestras comidas y bebidas, del gallo pinto y el queso asado, las güirilas y nacatamales, la carne asada, el vigorón, los yoltamales, el mondongo y la gallina de chinamo, el relleno navideño, el curvasá semanasantero, los gofios, el pío quinto, la sopa borracha, los maduros horneados y las tajadas fritas, la cosa de horno y las cajetas, las conchas negras, las iguanas y los huevos de paslama, las elegantemente llamadas “criadillas” de toro; el indio viejo, los quesillos. El rondón… en fin, tantos platos nicas, que es mejor hablar del tiste, pozol, fresco de cacao, chicha de maíz y de jengibre, semilla de jícaro, pinolillo y cuantos cereales consumimos. Toda la rica comida nicaragüense nos une y nos reúne en el hogar, la oficina, la fritanga de la esquina, plazas y mercados, chinamos y “fresquerías”, restaurantes y cantinas.
Las tragedias también nos acercan y aunque la solidaridad no es una característica nica, el pueblo es solidario en el dolor que nos causan los frecuentes desencadenamientos de la naturaleza.
La magia de Rubén nos une, como Azarías, Alfonso, Salomón, Pablo Antonio y tantos poetas, de esta tierra pródiga en artes y letras. Nos unen la Catedral de León, la gesta de San Jacinto y los héroes nacionales, el folclor que se magnifica en Masaya y El Toro Guaco y sus sincopados sones de Carazo. Las artesanías de San Juan de Oriente, El Salto de Estanzuela en Estelí. Las fiestas patronales de Santo Domingo, San Sebastián y San Jerónimo por citar unas cuantas, pero sobre todo la Inmaculada Concepción y sus fiestas de La Gritería. Nos une el cristianismo. Las flores de Sacuanjoche, las pastoras, las pascuas y el madroño. Los árboles de chilamate, guanacaste, ceibo y las maderas preciosas de cedro y de caoba. Las frutas de mamón, níspero, marañón, guayabas y jocotes, bocas de pájaro de quienes saborearon el Ron Campeón, El Cañita, La Santa Cecilia y ahora el Plata y demás rones de las feraces tierras chinandeganas.
Nos une Peñalba, Morales, Omar, Arosteguí en la pintura, y nos identifica el habla nica, su falta de respeto y su desdén. Nos une y nos importa el campesino que produce los alimentos diarios y el pobre que no tiene para esos alimentos… Son tantos y tan significativos los seres y las cosas que integran el alma nacional y es tan poco y miserable lo que nos separa…
Nos distancia el egoísmo y la corrupción, el servilismo y la intriga. La maledicencia de unos cuantos seres llenos de resentimientos y complejos. La soberbia de los políticos que engañan al pueblo revestidos de una prepotencia sin nada en común con la generosidad proverbial de los nicaragüenses.
Definitivamente es más, mucho más lo que nos une.
El autor es escritor.