Diana

Luis Sánchez Sancho

Diana es la diosa cazadora de la mitología romana. Su nombre significa, etimológicamente, la luz del día. Sin embargo lo que Diana simboliza es la luz de la luna que se derrama suavemente en las misteriosas sombras de la noche.

Diana preside la renovación y conservación del género humano y, por lo tanto, es la protectora de los recién nacidos. Pero ante todo es el prototipo del ideal femenino, ya que en ella se equilibran la belleza moral y la hermosura física. En este sentido Diana es la antítesis de Venus, que representa la belleza física y sensual de la mujer.

Pero la significación más importante de Diana es ser la diosa de los bosques y de la caza. Como virgen divina de la floresta Diana recorre los bosques acompañada por ochenta bellísimas ninfas, casi tan hermosas como ella. Va armada con arco y flechas que carga en un carcaj sobre su espalda perfecta, y detrás de ella corren un ciervo y un jabalí, que son los animales que le están consagrados.

A veces Diana aparece cazando algún animal del bosque, en otras ocasiones se le representa descansando —tendida en un prado de resplandeciente verdor—, o bañándose en un arroyo en su impresionante desnudez virginal, que nadie aparte de sus ninfas puede mirar, y mucho menos profanar. (A propósito, según una leyenda el ciervo que siempre acompaña a Diana es el cazador Acteón convertido en ese animal como castigo por haberse atrevido a espiar a la diosa virgen en una ocasión cuando ella se bañaba, completamente desnuda, en un arroyo del bosque).

Diana es una de las doce divinidades mayores de los romanos, cuyo culto fue establecido por los sabinos —uno de los antiguos pueblos itálicos—, a la que el rey Tito Lacio le erigió su primer altar en el Monte Aventino, de Roma.

Después a Diana le fue construido su templo principal en medio de un espeso bosque de los montes Albanos, junto al lago Nemi. Diana Nemorensis (de los bosques), le llamaban por eso, y según los estudiosos de la mitología romana eso indica que originalmente Diana era una divinidad de la Naturaleza en sus manifestaciones más salvajes e indómitas.

Sin embargo, en otra de las leyendas sobre Diana se cuenta que en una ocasión la diosa virgen se enamoró locamente de un apuesto pastor llamado Endimión, quien había obtenido de Júpiter el privilegio de ser el más hermoso de los mortales y no envejecer jamás. Diana, en uno de sus recorridos lunares vio a Endimión dormido, desnudo, y se prendó de su belleza masculina, pero su amor nunca se concretó en una relación física, sexual. Y desde entonces Diana, en las noches de luna llena, baja en el sitio del bosque donde duerme Endimión y besa tiernamente su bello rostro.

Diana era la diosa protectora de los romanos y de todos los pueblos que reconocían la hegemonía de Roma. Más o menos a mediados de agosto, en Roma y demás ciudades latinas, y sobre todo en los bosques, sus adoradores celebraban grandes fiestas en honor a Diana, en las que participaban sobre todo los esclavos que en esos días gozaban de completa libertad.

A Diana se le conocía también “la diosa triple”, porque en la tierra era Diana, en el cielo era Luna o Febe y en el Infierno —la morada de los muertos—, la llamaban Hécate.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí