Raudez fiero

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  • El Bóer volvió a hundirse con bates derretidos

Edgard Tijerino M.

Roman, Times, serif»>
Raudez fiero



El Bóer volvió a hundirse con bates derretidos

Edgard Tijerino M.




Los corazones de los fanáticos indios continúan mutilados de impaciencia y dolor. Ayer, el brazo derecho de Julio César Raudez y un bateo profuso y productivo de las Fieras, le robaron al Bóer, desde muy temprano, la posibilidad de sobrevivir.

Ese 10-1 en la pizarra favorable al San Fernando, refleja con exactitud, la diferencia en pretensiones, actitudes y funcionamiento entre un equipo y otro. Nada que ver con la intensa e intrigante batalla librada el sábado por la tarde, suspendida 6-6 por falta de luz.

No pregunten por la escopeta zurda del cubano Rolando Viera. En dos episodios, terminó hecha astillas consecuencia de seis hits, y de no correr las Fieras tan imprudentemente las bases, lo hubieran dañado con más de tres carreras.

Viera no llegó a ser ni siquiera una fotocopia borrosa del pitcher que vimos trabajar a fondo en su debut, haciéndonos creer que podría ser el factor de seguridad por tanto tiempo esperado por los Indios.

El jonrón madrugador de Ernesto Garay, golpeó a Raudez en la mandíbula estrechando la diferencia 2-1, levantando al poco público de las butacas. El derecho de nivel Triple A, apretó su dentadura, crispó sus puños, rascó el montículo como gallo embravecido, y comenzó un trabajo aprieta-tuercas, que desesperó a los Indios inutilizándolos por completo.

Mientras tanto, San Fernando ejerció una presión constante anotando carreras en cada una de las seis primeras entradas para construir una ventaja agobiante de 8-1.

Con dos en el primero, una en el segundo, otra en el tercero, la misma dosis en el cuarto, una más en el quinto y dos en el sexto, las Fieras colocaron al Bóer en el desfiladero de la muerte.

Un par de jugadas defensivas brillantes de Tanner Towsend, fueron lo más rescatable en lo emotivo, en tanto el relevo de Kenly Chang, resultó entrega valija.

Cuando San Fernando agregó otras dos carreras para llegar a diez, el Bóer se sintió en una isla desierta, con la cuchilla de la eliminación rascándole la espalda.

Con una ofensiva de 15 hits, las Fieras podían haber hecho más daño, pero no lamentan haber perdido dos corredores en las bases recortando embestidas, porque en todo instante, estuvieron transitando sobre la carretera de la tranquilidad.

Raudez, en otra demostración autoritaria, cortó orejas y rabo al Bóer durante seis entradas permitiendo sólo dos hits, el jonrón de Garay y uno inesperado de Towsend, atrapado en primera por un viraje. Su séptima victoria y su gran efectividad, certifican su fiereza.

Los relevistas, Salgado y Barillas cedieron otros tres hits mientras mantenían sumergidos a los Indios, sin que el público pudiera verlos.

Ofilio Castro, con tres hits, saltó a la esfera de los trescientistas, un timbre de orgullo en este torneo de pitcheo mortificante y falto de agresividad.

Fue Castro víctima de un mal fallo de apreciación en el sexto, cuando uno de sus tres hits, entre right y center, obligó a Sotelo a una zambullida que lo dejó tendido. La bola fue al fondo pero no le apuntaron jonrón dentro del cuadro a Ofilio, sino hit y error.

A esa altura, con el desequilibrio establecido aunque no todo consumado, ¡Qué importaba eso!

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