El retorno del neosocialismo

Ricardo A. De León Borge

En los últimos cotejos electorales en la parte sur de nuestro hemisferio, Tabaré Vásquez ganó holgadamente la Presidencia de Uruguay. En Chile la alianza de izquierda del presidente Ricardo Lagos ganó la mayoría de alcaldías municipales, al igual que el partido gobernante en Venezuela.

Países como Argentina, Ecuador, Bolivia y Brasil tienen gobiernos de los que denominan de centro-izquierda, social democracia, revolucionarios e izquierda moderada.

Sin embargo, considero que más bien son neosocialistas, en cuanto han asumido posiciones menos radicales del pensamiento y programa paleolítico de los socialistas. El neosocialismo, un término prácticamente no utilizado, se asemeja mucho al neopopulismo, tan dañinos para nuestros países. En Centroamérica sabemos lo que fue la primera versión de esos dos términos y por eso nos alejamos de ellos.

Estos virajes de timón han puesto de manifiesto que la tesis de Francis Fukuyama en su libro El fin de la historia, no tiene sentido y que más bien después de más de diez años la izquierda ha resucitado. Y lo peor es que está ganando terreno en países donde la inconformidad con el sistema democrático liberal es grande, la necesidad de un cambio es necesaria y las crisis económicas y sociales no han sido tratadas satisfactoriamente.

La unión en contra del “neoliberalismo” económico, que se representan en nuestro hemisferio en el ALCA, el Plan Puebla Panamá, el Plan Colombia y los tratados de Libre Comercio. En el caso del cono sur, el Mercosur —a través del cual paradójicamente buscan “aumentar el grado de eficiencia y competitividad de las economías involucradas ampliando las actuales dimensiones de sus mercados y acelerando su desarrollo económico mediante el aprovechamiento eficaz de los recursos disponibles…”; no es visto tanto como una herramienta del neoliberalismo, sino más bien como una forma de lograr independencia frente a los tratados de libre comercio impulsados por naciones externas.

Esta corriente se ha implantado tras el fracaso de la clase política que no ha sabido llevar al bienestar económico que se prometía, tras la apertura del comercio —que no ha sido así—, la inversión extranjera y las privatizaciones —que han sido un negocio de algunos cuantos—. Todo esto fue echado a la borda por los malos e irresponsables manejos de la burocracia, que no quiso o no pudo poner en marcha las ventajas que el liberalismo contiene.

La democracia y la libertad deberán ser parte integral de estos nuevos gobiernos, si en realidad pretenden hacer buenas gestiones.

El autor es licenciado en Relaciones Internacionales

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