Luis Sánchez Sancho
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Néstor
Luis Sánchez Sancho
Personas que participan en la Comisión Nacional del Adulto Mayor me sugirieron escribir algo sobre personajes de tercera edad en las leyendas de la mitología griega o romana.
Como se sabe, las fuentes de la mitología griega son básicamente tres: primero, la Teogonía, obra cumbre del historiador del siglo VIII antes de Cristo, Hesíodo, que narra el origen y las andanzas de los dioses originales, secundarios y de la tercera generación; segundo, la Ilíada y la Odisea, de Homero, el gran poeta griego también del siglo VIII que describe las hazañas de los héroes (hijos de mortal y dios o diosa) y otras figuras legendarias; y las tragedias (de Esquilo, Eurípides y Sófocles), que desarrollan las tramas de personajes homéricos y otros legendarios.
La significación de la tercera edad (o de los viejos) se enaltece en las narraciones homéricas, particularmente en la Ilíada, en la que Homero describe algunos acontecimientos principales que ocurrieron en el último año de los diez que duró la guerra de Troya.
Néstor es en la guerra de Troya un anciano venerable, sabio y prudente que siempre está mediando en las frecuentes disputas protagonizadas por los caudillos griegos (por ejemplo, gracias la mediación de Néstor se reconciliaron Aquiles y Ulises) durante el largo y tedioso sitio a la mítica ciudad.
Pero Néstor tiene, por supuesto, su infancia y edad adulta antes de llegar a ser el anciano respetado de la guerra de Troya.
Néstor es el menor de los doce hijos de Neleo y Cloros y el único que se escapa de la “Matanza de los Neleidas” (descendientes de Neleo), perpetrada por Heracles. Para salvarse Néstor se refugia en la región de Gerenia y por eso es que Homero lo llama, en la Ilíada, “el caballero gerenio”.
Andando el tiempo Néstor se reconcilia con Heracles y éste le concede la posesión de Mesina, en la actual Sicilia. Siendo joven Néstor hizo la guerra contra los acadios. También peleó contra los eleenses, a los que quitó sus ricos rebaños de ganado ovino y bovino. Participó en el célebre combate de los Lapitas contra los Centauros, estuvo en la cacería del jabalí de Calidonia y fue miembro de la expedición de los Argonautas, que comandados por Jasón fueron hasta el Cáucaso a buscar el Vellocino de Oro.
Durante la guerra de Troya, siendo ya un anciano, Néstor aconseja a los guerreros y caudillos griegos y les enseña las artes de la táctica y la estrategia. Por su sabiduría, experiencia, bondad y buen trato que dispensa a todos, Néstor se gana el respeto, la admiración y el cariño de todos los combatientes griegos, y su fama trasciende a los siglos quedando como un paradigma de hombre valiente, sabio y conciliador.
Tanto respeto merece Néstor por su ancianidad, que en las competencias que organiza Aquiles en honor a la memoria de Patroclo, el augusto “caballero gerenio” no participa en ningún combate ni prueba deportiva pero recibe un premio principal.
Terminada la guerra de Troya, Néstor regresa a su tierra donde disfruta, auspiciada por el mismo Zeus, una vejez tranquila y feliz, siempre prodigando sabios consejos y honrado por la admiración, el respeto y el cariño de los suyos y los ajenos.
Como todos los caudillos, héroes y dioses griegos, Néstor también tuvo —o le tuvieron— muchos hijos, los Nestóridas, siendo los más conocidos de ellos Perseo, Estrato, Areto y Pisístrato.