Un esfuerzo para salvar a Nicaragua

Ángela Saballos*

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Un esfuerzo para salvar a Nicaragua


Ángela Saballos*




Hace dos meses, un grupo de ciudadanas y ciudadanos nos autoconvocamos para revisar cómo desde nuestra diversidad, podíamos unir nuestros “vigores dispersos” en beneficio de una nueva cultura cívica y de una agenda que pusiera sobre la mesa de Nicaragua, lo que podemos hacer en este momento para el bienestar de nuestras próximas generaciones. De estas reuniones surgió la idea de iniciar un Encuentro por Nicaragua.

En el Encuentro por Nicaragua que realizaremos hoy viernes 26 y mañana sábado 27 de noviembre, nos sentaremos a realizar un inventario de lo mejor que hemos hecho cada una y uno de nosotras y nosotros como ciudadanas y ciudadanos.

Estudiaremos, igualmente, las diversas maravillas naturales hechas por el ser humano que nos presenta nuestra nación. Será el inventario de nuestra fortaleza como Nicaragua.

De esta manera, los autoconvocados hemos invitado a un grupo de periodistas, intelectuales, artistas, amas de casa, estudiantes, profesionales, obreros, empresarios, a la gama de nicaragüenses de distintas comunidades, departamentos, municipios, razas, religiones, género, jóvenes, personas mayores, partidos políticos, todos(as) representándose a ellos y ellas mismas como personas, como ciudadanas y ciudadanos.

Nuestro Encuentro por Nicaragua usará el diálogo apreciativo entre quienes participemos para que al conversar encontremos esa actitud, esa chispa maravillosa que tiene cada persona y que la hace diferente, especial, ella misma ante los demás. Así podremos ver con otros ojos a cada nicaragüense y tendremos la capacidad de entendernos, de tenernos compasión y de luchar juntos hacia delante, porque somos una nación.

A mí me perturba mucho el exilio de tantas y tantos nicaragüenses que buscan una oportunidad de trabajo y mejoramiento personal en otros países, porque aquí no se la ofrecemos. Los medios de difusión nos muestran cómo ya afuera tratan de disimular su acento nicaragüense, sus costumbres y disfrazan su identidad para ser aceptados por los otros, para pensarse de ese otro país y no ser discriminados (as).

Me duele la juventud que se va, que nos abandona, que dice no querer ser de Nicaragua. Se avergüenza de su origen. ¿Será lógico que ante nuestros ojos Nicaragua se convierta en un país fantasma, un país que no tenga relevo generacional? ¿que perdamos la esperanza y no levantemos nuestra autoestima nacional?

En el “reality show” en que se han convertido algunos noticiosos televisados, podemos ver la ira de nuestros nicaragüenses más desprotegidos económicamente. Ante el más pequeño hecho saltan con armas, con piedras, con arañazos, mordiscos y gritos para saldar la cuenta con su adversario. Por la presión en la que viven, responden con furia.

Ellas y ellos tienen derecho a coexistir en paz. Todos respiramos el mismo aire.

Somos un pueblo que ha sobrevivido muchas catástrofes naturales y hechas por el ser humano. Es precisamente esta fortaleza la que nos permitirá trabajar para sanarnos, agarrarnos fuerte de nuestros sueños y producir las iniciativas que nos catapultarán hacia el futuro que se merece nuestra descendencia. En el Encuentro por Nicaragua podremos empezar a caminar juntas y juntos para deponer personalismos a favor de nuestro avance mutuo.

* La autora es periodista

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