Róger Fischer S.
Sentado sobre una piedra frente al Lago Xolotlán y admirando el Momotombo, a pocos metros de la que fue la Plaza de León Viejo, sofocado por el inclemente sol, sostuve una conversación casi imaginaria con mi buen amigo Pedrarias Dávila, quien a rajatabla me espetó: “Yo sabía que esto iba a suceder… este lago otrora bendición de nuestro Señor, lo habéis convertido en una letrina… como todo lo que hacéis… de qué os sirven tantas derramas y bondades divinas, si os habéis apertrechado en los vicios, desconociendo nuestras virtudes. La tiranía, la sujeción al amo con fidelidad canina, os ha hecho una manada de borregos que procede a la voz del caudillo, o bien se hunde en la abulia del yoquepierdismo—. Habéis engañado tanto a vuestro pueblo, que sólo los más vivos y los más tontos creen en vosotros. De mí habéis hecho un mito diciendo que ensayaba mi muerte en un ataúd de hierro, con mi tumba llena de joyas. Si es verdad que la época me exigió ser cruel, también se me debe el ser hacedor del sentido nacional de vuestra historia, tal y como lo escribió Zepeda Enríquez. Me tilda el poeta de incansable, ambicioso, sagaz, emprendedor, temerario y temido, rencoroso, desconfiado, decidido y dominante. Fui absolutista y el pulso jamás me tembló para ordenar, como buen segoviano, lo que había que hacer y menester y mi blasón fue conformado por un águila, un castillo y una cruz. Pero… yo tenía la capacidad de evolucionar y me convertí en un demócrata. No obstante, vosotros, mis herederos quedasteis clonados como hace quinientos años. El viejo Estado que constituí aún permanece intacto, sin mutaciones, sin cambios. Partid de una estrategia. Haced perfectible vuestro Plan de Desarrollo sin nombres propios ni estafetas partidarias.
Escuche, gobernador, respondí, incómodo: “Si usted fue el que nos hizo ser como somos, no diga que ya cambió y menos hable de su conversión democrática. Usted, caballero de horca y cuchillo, segó vida de indios y españoles y sus nietos provocaron la ira de Dios cuando asesinaron al Obispo”. Pedrarias entrecerró los ojos al mejor estilo de Emiliano Chamorro y sonriendo maliciosamente dijo: “¡Pardiez! Vosotros no queréis daros cuenta de las cosas, yo fui un devoto defensor de la fe y la corona de España, mas la corona ha cambiado, ahora tenemos un rey pero ya no es absoluto, representa lo mejor de nuestras tradiciones y el verdadero gobierno pasa de la izquierda al centro o a la derecha, según la voluntad de nuestros ciudadanos. Franco gestó la transición y España cambió, dejó de ser provinciana y cenicienta, ya no somos exportadores de mano de obra, mayordomos ni sirvientes… se nos respeta en la Comunidad Europea. Nuestra fisonomía cambió económicamente y se nos trata de tu a tu. La España feudal quedó atrás. Los Pedrarias comprendemos la necesidad del progreso y nos encanta el desarrollo. Aceptad mi evolución, ¡ahora soy un demócrata!
Sorprendido, esperé su segundo aire para escucharle decir: “Recordad que la geopolítica señala a Estados Unidos como vuestro factor político y económico. Aunque pequeños, si os dais vuestro lugar ellos os van a respetar. Dejad de lamentaros, las cosas resolvedlas entre vosotros y no esperéis que el yankee, como soléis llamarles, decida por vosotros. Internacionalmente vuestra esfera como la nuestra está sujeta a la violencia terrorista. Aunque Rodríguez Zapatero disimule, desde la tragedia de Atocha no somos neutrales ni podemos disimular nuestro dolor.
Saturado por la información de las recién pasadas elecciones, pregunté su opinión sobre el voto duro sandinista ganador de la mayoría de las alcaldías. Pedrarias respondió: “Vuestra política sigue perdida en la “escuela del gallinero”, se limitan a “subirse al palo” como soléis decir y desde lo alto llenáis de cuita a los que están abajo. Y así, habéis seguido hasta hoy, subiéndoos al palo… y bajando del palo, con un nombre o con otro pero siempre buscando un gallo que os proteja y un caudillo que os mangonee. Hombre, ¡joder! ya es hora que tracéis inteligentemente vuestra ruta. Nicaragua es el país donde mana el agua y dependéis del petróleo. El destino de esta Patria está en la fuerza que puede generar su capacidad hidroeléctrica que tiene un potencial inconmensurable y aún así, rediez! No tenéis siquiera una legislación adecuada para vuestras aguas, tampoco reforestáis vuestros bosques y por eso se secan los ríos y llueve menos”.
Pedrarias continuó: “La vocación natural de vuestro país está en un gran canal interoceánico que permita el paso de los inmensos navíos que necesitan cruzar los mares, los cuales por su tamaño ya no pueden utilizar Panamá… y vosotros, echados o peleando, discutiendo quién es más inteligente, o más vivo, o más… proyectaos con visión. Imaginad las billonarias inversiones extrajeras, las fuentes de trabajo, la transformación de Nicaragua, la producción y las exportaciones… la estabilidad económica y social… de una vez quereos vosotros mismos, levantad vuestra autoestima, trazad una estrategia seria y factible… y dejad de ser aldea para siempre”.
La conversación había terminado. Pedrarias se sumergió en las aguas del Xolotlán, sabedor de que su tesis es lógica y correcta.
El autor es escritor