Sobre la sangre de María José Bravo

HugoRamón García*

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Sobre la sangre de María José Bravo


HugoRamón García*




Un desalmado pistolero, de los muchos que afloran en esta desequilibrada sociedad, segó la vida de la periodista María José Bravo Sánchez, mientras cumplía su función profesional en el Centro de Cómputos de Juigalpa, Chontales.

Es absolutamente censurable que la delincuencia siga ocupando “espacios destacados” donde cada momento el número de víctimas aumenta alarmantemente y las voces de angustia se ahogan ante los reclamos naturales exigiendo castigo para los culpables que llevan en su conciencia la responsabilidad de un crimen cometido.

Sobre la sangre de María José tiene que prevalecer la justicia.

Debe darse una aplicación exacta de la ley que permita sentar un precedente y se pueda frenar la ola de violencia que sacude a la nación; a la Nicaragua de los tiempos modernos donde con mucha “normalidad” se suele violar el quinto mandamiento restando importancia a los preceptos cristianos.

La muerte causada por homicidio doloso en contra de María José Bravo merece una respuesta terminante que le compete y le atañe a los tribunales comunes.

Estos mismos tribunales de conciencia tienen la especial obligación de hacer justicia, pero no una justicia tardía que a nada conduce, sino una justicia efectiva que responda a los intereses acongojados de su familia, y de la Patria.

La sociedad de Nicaragua siente la necesidad de sacudirse, y liberarse de tantos criminales que desahogan sus torpes pasiones en personas indefensas que no pueden repeler por su condición humana la acción criminal de un psicópata.

¿Por qué alguien que se estima “hombre” nacido de las entrañas de una mujer, arroja los tiros de un revólver privándole la vida, es decir de un derecho elemental que le asiste por regla divina?

“Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”, escribió Sor Juana Inés de la Cruz, en uno de los fragmentos de sus bellísimas Redondillas, refiriéndose a tanto hombre insensato que no valora la dignidad de una mujer, a cuyos encantos debemos rendirnos y expresarles el tributo de nuestra admiración, porque ella como la agraciada flor que nace por la mañana nos ofrece su belleza singular.

Desde la privacidad del sentimiento humano que rige a los hombres civilizados tiene que salir un voto pidiendo castigo para el culpable, y demandar de los que administran justicia que la apliquen de acuerdo al proceso que se levanta, y se dé con ello una apertura de esperanza de manera que la justicia se vuelva creíble y todos podamos confiar en ella.

Que la sangre de esta nueva mártir de la verdad no corra en vano como muchas veces ha pasado en el escenario de las frías realidades donde la justicia ha sido burlada y sometida a los más bajos conceptos.

Esta vez el pistolero que ha surgido del propio seno del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) privando de la vida a la periodista María José Bravo Sánchez tiene que recibir su castigo; un castigo ejemplar que sea el reflejo de una justicia indispensable y apoyada en los dictámenes de la razón.

En la primavera de su juventud, y de sus días esta simpática exponente del periodismo nacional supo con atinado juicio escribir y defender la verdad, y por eso su recuerdo no se marchita, y quedará para siempre perennizado en el corazón de quienes siguen su ejemplo.

* El autor es periodista de Somoto.

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