La Noche

Luis Sánchez Sancho

Roman, Times, serif»>Y además

La Noche


Luis Sánchez Sancho




“¡Oh noche negra, madre de astros de oro”, exclama Electra —la desdichada hija de Agamenón y Clitemnestra— en la tragedia del mismo nombre que escribió el gran dramaturgo griego Eurípides (480-406 antes de Cristo), que sigue cautivando a lectores de todo el mundo.

Para los antiguos griegos la Noche (Nix) era una divinidad alegórica, es decir, simbólica, una de las deidades más temidas y respetadas al mismo tiempo, porque representaba lo siniestro pero también lo pasivo, lo femenino y lo inconsciente.

Los poetas y artistas de la antigüedad representaban a la Noche como una mujer de gran hermosura, pero triste, lánguida, mortalmente pálida, cubierta con un ligero velo negro, rodeada de estrellas, cargando en sus brazos a dos niños (Sueño y Muerte) y, montada en un soberbio carruaje, siempre dirigiéndose al Oeste pero mirando hacia el Este.

También se creía que la Noche estaba encargada —junto con Morfeo, la Quimera, las Gorgonas y las Arpías— de cuidar la morada de Hades (el Plutón de los romanos), o sea, el reino de la muerte y de las tinieblas eternas. Y se le rendía culto sacrificando ovejas negras en su honor, o consagrándole el gallo porque este animal suele turbar con su canto sonoro la calma nocturna.

En realidad, como sucede con casi todos los mitos griegos, acerca de Nix o la Noche también hay diversas versiones. La más conocida es la que se deriva de Hesíodo, el gran poeta griego del siglo VIII antes de Cristo, quien en su monumental obra Teogonía relató el origen, nacimiento y atributos de prácticamente todas las divinidades helénicas de la antigüedad.

Primero sólo era el Caos, oscuro e informe. Del Caos nacieron seis deidades originales: Gea (la Tierra), Tártaro (el Infierno), Érebo (las Tinieblas), Nix (la Noche) y Eros. La Noche se juntó sexualmente con su hermano Érebo y de esa unión nacieron Hémera (el Día), Éter, el Destino, la Muerte, la Miseria, el Engaño y la Discordia.

Por sí misma —es decir, sin unirse sexualmente con nadie— la Noche tuvo a otros hijos: la Suerte, el Sueño, la Aflicción, la Pereza, el Fraude, la Amistad y la Vejez.

En cierta ocasión, huyendo de la ira de Zeus -que como el gran caudillo que era todo lo quería, de todo se apropiaba y todo le molestaba-, la Noche se refugió en el seno infinito y absolutamente oscuro del Erebo y se quedó allí durante algún tiempo. Al aplacarse la furia de Zeus, la Noche, llena de una total satisfacción y tranquilidad, fecundó un huevo del que nació el Amor. Por eso es que desde entonces se considera que las horas más apropiadas para hacer el amor son las de la Noche.

Como un legado de la antigua cultura griega y romana, la Noche ha sido y sigue siendo motivo de las más diversas interpretaciones, tanto macabras como románticas e idealistas. Por un lado la Noche inspira el máximo miedo, pero otra parte llama al descanso y el amor.

“Era durante el horror de una profunda noche”, exclama Racine (1639-1699), celebrado dramaturgo francés. Pero mucho tiempo antes el gran poeta latino Ovidio (nació en el año 43 antes de Cristo y murió en el 17 de nuestra era) escribió: “La Noche hace desaparecer muchos defectos y olvidar no pocas imperfecciones. Hace a toda mujer hermosa”. Sin duda que así es.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí