Reglas de desarrollo forestal

Indalecio Rodríguez Alaniz

Estamos frente a un proceso de modernización y evolución del marco jurídico forestal de Nicaragua. Proceso que se daba antes entre las instituciones de forma anárquica y se encaminaba a la destrucción irracional del recurso forestal.

Esta conducta incomprensible trajo como consecuencia la degradación ambiental, empobrecimiento de las tierras agrícolas, disminución alarmante de nuestras cuencas hidrográficas, fuentes de aguas superficiales, vulnerabilidad a los desastres naturales, como los que recientemente ocasionaron víctimas en los alrededores del volcán Casita, en San Cristóbal y el cerro Musún. Añadiendo las permanentes inundaciones que año con año causan las ocasionales lluvias del período de invierno.

Es a partir del Gobierno de la Nueva Era que se promulga la Ley Forestal número 462, y se establece una legislación forestal moderna, evolucionando el concepto cultural de la nueva relación que debe existir entre el hombre y el bosque, y es de esa relación armónica que se impulsa enrumbar el país hacia la conservación y mejoría del ambiente, fauna y fuentes hídricas.

Es un nuevo despertar desde las cenizas. Con esta realidad preocupante y una visión futurista se está dando respuesta a una grave situación de la degradación ambiental. Es por eso que se ha incorporado dentro del Plan Nacional de Desarrollo al sector forestal, dándole la importancia económica que realmente tiene para generar grandes beneficios financieros y ofrecer la belleza escénica atractiva para el turismo.

Esto es revolucionario: pasar de la voracidad depredadora, al uso racional y cambiar la indiferencia ante la destrucción a una actitud de cuido y aprovechamiento sostenido de este recurso.

Con esta nueva actitud del nicaragüense estamos dándole nuestro aporte a la humanidad con la producción de oxígeno, con la descontaminación del medio ambiente, y la fijación del carbono; incidiendo en una mejor economía que será notoria en todos los hogares nicaragüenses.

Siendo consecuentes con todo lo anterior se han establecido las reglas claras para las instituciones públicas y privadas, llamadas a regular este sector, iniciándose el fortalecimiento institucional del Inafor, iniciándose la regencia y distritos forestales, establecimiento de incentivos forestales para las plantaciones y sistemas de agro-forestería comunitaria, e industrias forestales, como mecanismos para la generación de empleos, al dar valor agregado a nuestros productos maderables.

Dentro de los resultados que comienzan a vislumbrarse están: el ordenamiento de las tierras forestales, creación de conceptos de competitividad y el afianzamiento del sistema de seguimiento, control y evaluación de la sostenibilidad de las actividades forestales.

La imaginación creativa, la seguridad en la inversión y la confianza en el país son parte de lo que el Gobierno actual está ofreciendo para motivar inversiones duraderas y facilitando condiciones para establecer plantaciones, las cuales en tierras de vocación forestal no requieren permiso alguno para su establecimiento, mantenimiento, raleo y aprovechamiento, necesitando sólo cumplir con los requisitos de registro y gestionar ante el Instituto Nacional Forestal (Inafor) lo correspondiente a la certificación del origen del producto cuando corresponda realizar su transporte.

Como parte de la consolidación del Inafor, con el apoyo de la cooperación internacional, se han impulsado diversos proyectos forestales a niveles y objetivos diferentes, tales como recuperación de áreas degradadas, enriquecimiento del bosque natural y plantaciones con fines comerciales y energéticos.

Entre estos proyectos, puedo mencionar: plan de manejo forestal para la prevención de desastres naturales, en los departamentos de León, Chinandega, y Managua, favoreciendo a nueve comunidades y 326 familias, reforestando cinco mil hectáreas y enriquecimiento de tres mil hectáreas de bosques; manejo de la regeneración natural del bosque de pino, en las áreas afectadas por el gorgojo en Nueva Segovia; beneficiando a 720 familias, cuatro mil hectáreas bajo manejo de regeneración natural; apoyo al establecimiento de plantaciones forestales con fines energéticos y para disminuir la presión sobre el bosque natural por parte del sector privado, como el ingenio San Antonio; establecimiento de plantaciones forestales con fines comerciales del sector privado localizadas en diversos departamentos del país.

Todas estas acciones incentivan para que inversionistas nacionales y extranjeros inviertan en una actividad económica con tanto futuro, como es la actividad forestal, con todas las garantías que el Gobierno les ofrece.

El autor es Director Ejecutivo del Inafor.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí