¿Cómo ser verdadero cristiano?

Violeta Reyes de Padilla

Me pregunté una de estas noches qué significaba ser un buen cristiano e inmediatamente contesté: ser de Cristo, reconocer a Jesús como el Cristo, el Mesías, el que debía venir y que había sido prometido por Dios de la humanidad después que pecaron Adán y Eva. Ser un cristiano es un compromiso con Dios desde el momento que fuimos bautizados. Ser cristiano es configurarse con Cristo, es ser discípulo de Cristo, ser otro Cristo. Hemos de conocerlo, tratarlo, servirle y amarle.

Debemos contestarnos a la pregunta que Jesús hizo a los apóstoles en Cesarea de Filipo: “Y vosotros… ¿quién decís que soy yo?”. Pedro contestó lo que también nosotros debemos contestar: “Tu eres el Cristo, el Mesías, el Hijo unigénito de Dios”. La persona de la que depende toda mi vida, mi destino, mi felicidad; mi triunfo y mi desgracia se relacionan con el conocimiento que de ti tenga. Jesús, tú viniste a este mundo para enseñarnos un camino y, para que nuestra vida valga la pena, tenemos que imitarle y hacer vida tu Evangelio.

¿Pero qué significa amarte? Para amarte de verdad, Señor, tengo que cumplir los mandamientos, recibir con frecuencia los sacramentos y tener trato contigo en la oración. También obedecer al Papa y a los obispos. El verdadero y auténtico católico es el que ama la verdad de Dios y a la Iglesia; por eso debemos ayudar a la Iglesia en sus necesidades y a las obras que ella hace; apoyarla y defenderla cuando es atacada (últimamente se está viviendo un continuo ataque a la Iglesia Católica). Debemos orar para que el Espíritu Santo ilumine y les dé sabiduría y discernimiento a nuestros pastores.

¿Basta creer y ser bautizado para salvarse? La fe sin obras no salva. Pero, ¿qué debo hacer entonces? Además de cumplir los mandamientos debo aumentar las virtudes teologales: la fe, la esperanza y caridad que nos fueron infundidas por Dios en nuestra alma al ser bautizados. Practicar la prudencia, justicia, fortaleza y templanza que son llamadas virtudes cardinales porque son el quicio alrededor del cual gira toda virtud moral del hombre.

¿Qué mandato debemos cumplir los cristianos? “Id a todo el mundo y predicad el Evangelio a todos los hombres”. Mandato de Jesús el día de la Ascensión a los cielos; nos lo dijo a todos sin excepción: enseñar a los hijos, esposos, a los que nos rodean, a los que tratamos en la calle, escuelas, universidades, por la radio, televisión, periódico, en las ciudades, pueblos y comarcas. Tenemos que imitar a los primeros cristianos que impregnaron al mundo pagano de entonces, con las enseñanzas de Cristo.

Tenemos que darnos cuenta que el mundo actual se ha ido alejando de Dios y ha puesto en las cosas su principal interés. El dinero, el poder, el placer, la fama, el culto al cuerpo son los ídolos de hoy. Los valores de ser han sido sustituidos por el tener. El hombre viola constantemente la ley moral y pierde el sentido de Dios y, al perder el sentido de Dios, pierde el sentido del ser humano, de su dignidad y de su vida. Se afana por programar y dominar el nacimiento y la muerte.

¿Qué debemos hacer los cristianos cuando se nos presentan propuestas de leyes que van en contra de la Ley Natural y la ley moral y hay peligro que en la Asamblea se apruebe, por ejemplo, la ley a favor del aborto? Es obligación moral de todos los cristianos poner los medios a su alcance para impedir que leyes como esa sean aprobadas.

¿A quién debemos dar nuestro voto, ya sea en elecciones municipales o presidenciales? Votar es un derecho adquirido y la Iglesia nos manda ejercer ese derecho que, como ciudadanos responsables, busquemos el bien común al elegir al candidato de mayores valores morales y con una trayectoria intachable. La Iglesia nos manda no votar por el candidato que milita en un partido reconocido como marxista. El comunismo es ateo y está en contra de la doctrina cristiana.

¿Qué más nos falta para ser verdaderos cristianos? Tenemos que ser justos y misericordiosos. La misericordia es el divino atributo, lo esencial, lo propio de Dios. Él está listo a perdonarnos cuando nosotros nos arrepentimos y la oración del Padrenuestro nos enseña a perdonar al que nos ha ofendido. Nos dejó las obras de misericordia para que nosotros las practiquemos y no perdamos la ocasión de hacerlas una constante en nuestras vidas. Compadezcámonos de nuestro prójimo amándole y sirviéndole en sus necesidades y miserias.

Hay que recordar que, según el último Concilio, un cristiano, precisamente porque es cristiano, debe sentirse más que nadie obligado a trabajar por un progreso que sea progreso para todos y por una promoción social que lo sea de todos.

La autora es miembro de la Asociación Nicaragüense de la Mujer.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí