Mi respaldo al Presidente

Franklin Gavarrete

Hay que rechazar firmemente las maniobras para desaforar al Presidente por un supuesto delito electoral de dudosa comprobación, que no conlleva el uso de fondos del Estado y ni se compara a lo que aquí y en la Cochinchina se estila en materia de financiamiento de campañas. El “delito” de don Enrique es luchar para eliminar la corrupción de las coimas, el manipuleo de las instituciones públicas, el tráfico de influencias y el despilfarro y malversación de los bienes de los nicaragüenses.

Hay que darles una aclaración contundente a los responsables de la artimaña y responder con fuerza y decisión a la pretensión de los que no les importa el desorden político, el caos en la administración del Estado y la tremenda incertidumbre en la economía que su irresponsabilidad cívica le acarrearía al país.

El pueblo debe expresar su descontento y repudio de todas las maneras posibles, puesto que de lo contrario, más tarde no tendremos más remedio que bajar la cabeza, dejar el campo libre a los abusadores de la hacienda pública y conformarnos a vivir al antojo de los que traicionaron la confianza que pusimos en ellos.

Varias organizaciones de la empresa privada ya han demostrado su apoyo al Presidente porque la confianza institucional es asunto de importancia capital para la inversión nacional y extranjera y para el desarrollo de la economía.

El Ejército, dentro del marco de las leyes que lo regulan, debería manifestar su determinación de proteger la paz de la República y la estabilidad de la Presidencia, así como su apoyo a quien según la Constitución es su comandante en jefe. Incluso la Iglesia Católica y las evangélicas, que aunque no quieran se ven involucradas en asuntos políticos, deben hacer un llamado al respeto de las autoridades elegidas por la voz del pueblo, que es la voz de Dios.

Todos los grupos organizados deberían alzar su voz contra este atentado al corazón de la República. Los universitarios, a quienes no sólo les debe importar el seis por ciento, sino también el tipo de país donde vivirán después que salgan de las aulas. Los transportistas dignos, para demostrar así que no sólo buscan el provecho gremial sino también la honradez en la función pública. Los sandinistas de corazón, que todavía recuerdan las luchas para que Somoza respetara las instituciones públicas. En fin, debemos protestar todos los nicaragüenses a quienes nos duele la postración moral y económica en que puede caer Nicaragua, si dejamos que los promotores de este atentado a la Presidencia se salgan con la suya.

Es posible que el esfuerzo diario por cubrir nuestras necesidades pueda hacer que no respondamos con valentía a nuestros deberes cívicos y sólo nos contentemos con decir: ¡qué barbaridad, hasta donde han llegado, qué va a pasar en Nicaragua! Pero no debemos olvidar que si no apoyamos ahora a don Enrique, los irresponsables de este filibusterismo se van a envalentonar y nos pueden salir luego con otro ardid más truculento y que después será más dura la pelea por una digna vida nacional y más difícil sentirnos orgullosos de ser nicaragüenses.

El autor es empresario

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