Tu voz vale, tu voto decide

Hortensia Rivas Zeledón

Bajo la dictadura liberal de los Somoza los nicaragüenses nunca pudimos cambiar de gobernantes a través de elecciones, porque éstas eran fraudulentas. En 1947 el pueblo votó mayoritariamente por el doctor Enoc Aguado, pero Somoza García volteó los resultados y le adjudicó el triunfo al doctor Leonardo Argüello. Durante el somocismo los fraudes electorales eran tan grotescos y descarados como lo son ahora las sentencias judiciales y las resoluciones de la Contraloría.

Después del pacto entre Agüero y Somoza, conocido como Kupia Kumi, se perdió por completo la credibilidad en los procesos electorales y para las elecciones de septiembre de 1974 un grupo de 27 ciudadanos encabezados por el doctor Pedro Joaquín Chamorro firmaron un documento en el que dijeron “no hay por quien votar”, porque ya se sabía quien iba a ganar. Pero las razones que tuvieron para llamar a la abstención eran estrictamente patrióticas y recuerdo que el 31 de agosto de ese año LA PRENSA tituló la primera plana: Éstos ganaron mañana.

El marxismo es por principios enemigo de las elecciones. Por eso los nueve comandantes decían en los años ochenta que el poder no se rifaba y que el pueblo ya había votado de una vez y para siempre el 19 de julio de 1979. Sin embargo, debido a las presiones externas se vieron obligados a efectuar un simulacro de elecciones el 4 de noviembre de 1984 con una escasísima participación y, por supuesto, eso no sirvió para detener la guerra civil ni para contener la presión internacional. Y con los acuerdos de Esquipulas II se crearon las condiciones para que hubieran elecciones con supervisión internacional.

En este contexto surgió Vía Cívica con el único objetivo de motivar a la población a participar en las elecciones del 25 de febrero de 1990. Y con el lema Tu voz vale, tu voto decide, se invitó a la gente a que con su voto cambiara la situación del país, que terminara la guerra, el servicio militar, el racionamiento de alimentos, el espionaje y la represión en contra de los disidentes, es decir, que Nicaragua dejara de ser una segunda Cuba.

Claro que con el triunfo electoral de la democracia la situación cambió no todo lo que el país requería y los nicaragüenses anhelábamos, pero a partir de entonces el país es cada vez más diferente a pesar de los sandinistas y de la camarilla liberal de Arnoldo Alemán.

Costó mucho infundirle confianza a la gente en las elecciones y que comprendiera la importancia de su voto en la conquista de la democracia, por eso resulta contraproducente que la Procuradora de la Mujer, doctora Patricia Obregón, plantee públicamente que las mujeres deben abstenerse de votar en las elecciones municipales cuando todo el mundo sabe que el voto sandinista es disciplinado y que el que no vota deja que otro decida por él y con la abstención sólo se le facilita más el triunfo al partido sandinista que sólo males le ha traído a este país.

Lo que debemos hacer las mujeres es votar contra los dos partidos pactistas, porque es nuestro deber de mujer impulsar la democracia para que nunca más nuestros hijos sufran el flagelo de la guerra, ni volvamos a estar sometidos por dictaduras de derecha ni de izquierda. Y sólo lo lograremos si votamos por la Alianza por la República. Hay que recordar que “tu voz vale y tu voto decide”.

La autora es directiva del Partido Conservador

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