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El comercio y la demagogia
Esta semana se celebró la Semana del Comercio. La celebración fue organizada por la Cámara de Comercio de Nicaragua (Caconic) y resultó exitosa a pesar de la enrarecida y desmotivadora atmósfera política que hay actualmente en el país.
En realidad, es lamentable que mientras algunas personas -los comerciantes en este caso- se esfuerzan por dinamizar los negocios y procuran de esa manera el bien para todos los nicaragüenses, otros individuos -los contralores, diputados y magistrados arnoldistas y orteguistas- sabotean el desarrollo del país con sus políticas aventureras. Sin embargo, lo más importante al fin y al cabo es que la adversidad política no quebranta el ánimo de quienes invierten trabajo y capital para hacer negocios y sacar adelante a Nicaragua.
Durante la Semana del Comercio, unos 250 establecimientos comerciales de todo el país hicieron diversas promociones y montaron la Primera Expo Comercio, que fue “dirigida a los comerciantes y empresas de servicios para que desarrollen negocios entre ellas”, según informó oportunamente LA PRENSA.
El comercio, como se sabe, es el motor del desarrollo de cada país y a nivel internacional. De allí que la principal lucha contra el atraso, la pobreza y el hambre en el mundo es la que se libra en la Organización Mundial de Comercio (OMC) por la liberalización global del intercambio comercial de bienes y servicios, y para desmontar el sistema de subsidios estatales a la agricultura en las naciones ricas, que coloca a la producción agrícola de los países pobres en situación de desventaja competitiva.
El comercio es lo que da la medida del atraso o el desarrollo de la sociedad y de la pobreza o la prosperidad de la gente. Cuando la actividad comercial es dinámica la gente está bien o va mejorando, pues puede adquirir los bienes y servicios que necesita para vivir decorosamente, para entretenerse apropiadamente, e inclusive, si tiene la posibilidad, para darse los lujos que quiera. En cambio, el atraso de una sociedad y la pobreza de la gente se mira en los estantes vacíos, en el “no hay” cuando se quiere adquirir algo, en las largas filas para comprar unos pocos bienes de primera necesidad y mala calidad, en las tarjetas de racionamiento que rebajan la condición humana, como ocurría en Nicaragua en los tiempos de la revolución sandinista, cuando el ahora candidato del FSLN a alcalde de Managua era el Ministro de Comercio Interior.
Por eso es inaudito que todavía suenen voces que demonizan el comercio y denigran el consumo. Y sobre todo porque quienes quieren convencer a la gente de que se vive mejor consumiendo menos, son personas que se enriquecieron con la piñata sandinista y hacen ahora sus mejores negocios en el comercio, pues son dueños de comercializadoras de arroz, de grandes ferreterías, de supermercados, de centros turísticos, etc. O sea que se benefician con el comercio pero lo maldicen, predican la frugalidad socialista pero viven en la abundancia y la lujuria.
Afortunadamente los nicaragüenses en su gran mayoría saben por experiencia propia que entre más consume y crece el comercio, mayor es el bienestar individual y social. Y que, al contrario, el comercio es precario cuando no hay capacidad de consumo porque es muy mala la situación material y espiritual de la gente.
Las pruebas son contundentes: las naciones más desarrolladas y ricas del mundo son las que tienen sólidas economías capitalistas, mercado libre, una dinámica actividad comercial e intenso consumismo de la población. Por el contrario, los pueblos que viven en la pobreza son los de aquellos países donde el comercio es mínimo, la gente no puede consumir ni lo indispensable para subsistir, y los políticos e ideólogos “progresistas” claman contra el capitalismo y la democracia pero son dueños de negocios, tienen mucha plata en el extranjero y viven a cuerpo de rey.
Carlos Marx, tomando prestadas las investigaciones y las ideas de los grandes economistas ingleses del siglo XVIII y principios del XIX, Adam Smith y David Ricardo, explicó que el comercio fue siempre el motor principal del progreso humano y del desarrollo de la sociedad. Pero al parecer sus “discípulos” no son capaces de entender algo tan elemental como eso.