“Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso”

Hortensia Rivas Zeledón

En Efesios 6:10-17 (Las armas espirituales del cristiano) dice San Pablo: “Y ahora hermanos háganse fuertes en unión con el Señor por medio de su fuerza poderosa. Protéjanse con toda la armadura que Dios les ha dado para que puedan estar firmes contra los engaños del diablo. Porque no estamos luchando contra gente de carne y hueso sino contra malignas fuerzas espirituales del cielo que tienen mando, autoridad y dominio sobre este mundo oscuro. Por eso tomen toda la armadura que Dios les ha dado para que puedan resistir en el día malo y después de haberse preparado, mantenerse firmes. Así que manténganse firmes revestidos de la verdad y protegidos por la rectitud. Estén siempre listos para salir a anunciar el mensaje de la paz. Sobre todo que su fe sea el escudo que los libre de las flechas encendidas del maligno”.

En Nicaragua el maligno está representado por la corrupción administrativa y el saqueo a las arcas del Estado que le roba al pueblo su dinero, pero sobre todo la esperanza de una vida digna y deja a los niños sin acceso a la educación y la salud y pervierte a la población con su mal ejemplo.

El maligno también está presente en la ideología marxista-leninista que es esencialmente atea y se fundamenta en el materialismo dialéctico.

Esta corriente filosófica plantea que todo cuanto existe es increado y que su origen es la materia la que además es infinita; toda su argumentación está dirigida a demostrar que Dios no existe ni es el creador del universo. En cambio, para los creyentes Dios es el creador de todas las cosas y de los seres humanos que a pesar de nuestras debilidades, defectos y pecados, somos su máxima creación porque nos creó a su imagen y semejanza, nos dotó de alma y nos hizo libres para que escogiéramos entre el bien y el mal.

El marxismo le hace creer al hombre que es el rey del universo, que está por sobre toda la creación, que su inteligencia es la materia altamente desarrollada, lo transforma en un ser arrogante y autosuficiente y lo hace sentirse capaz de dirigir el curso de los acontecimientos porque posee las herramientas que le da el marxismo lo que le permite planear sus estrategias y tácticas para lograr sus objetivos y para cuya consecución se vale de todos los métodos y recursos posibles.

Además, el marxismo, al quitarle la fe en Dios hace sentirse sólo al hombre, lo deja vacío de espiritualidad y lo convierte en un ser duro y frío sin amor a Dios y por lo tanto sin amor y sin caridad para los demás.

Para los marxistas la vida es producto de la materia y no un don de Dios. Por lo tanto no vale nada. Por eso ellos son capaces de planear a la sombra la eliminación de quien les estorba, como lo plantearon en el documento de las 72 horas que aprobaron los días, 20, 21 y 22 de septiembre de 1979, en el que dijeron que si era necesario llegar hasta la eliminación física de los dirigentes de la derecha, había que hacerlo. Por eso fue que mataron a Jorge Salazar el 8 de noviembre de 1980, a Enrique Bermúdez el 16 de febrero de 1991, a Arges Sequeira Mangas el 23 de noviembre de 1992. Y por eso es que todavía no se ha esclarecido el asesinato de Carlos Guadamuz.

Los sandinistas, que son los marxistas criollos, no han renunciado a esa ideología enemiga de la fe en Dios, en Jesucristo y el Espíritu Santo. Carecen del santo temor de Dios que es el que nos hace proceder con rectitud. Por eso nadie debe llamarse a engaño. Hay recordar lo que dice San Pablo que no estamos luchando contra gente de carne y hueso.

La autora es directiva del Partido Conservador

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