Los debates políticos

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Los debates políticos





Para los partidarios más entusiastas del Presidente de Estados Unidos y candidato a un segundo período, George W. Bush, éste ganó al candidato presidencial de la oposición, John Kerry, el debate televisado que ambos sostuvieron la noche del jueves pasado en la Universidad de Miami.

Sin embargo, los incondicionales del senador Kerry dijeron que fue su candidato el que derrotó al presidente Bush. Por su parte, periodistas y analistas políticos independientes comentaron que ninguno de los dos candidatos logró sacar ventaja a expensas del otro, y, finalmente, un rápido sondeo de Gallup reveló que la mayoría de los encuestados vieron mejor a Kerry que a Bush.

El debate de Miami entre Bush y Kerry —así como los otros dos enfrentamientos verbales que sostendrán durante este mes de octubre— concitan un gran interés no sólo en Estados Unidos sino también a nivel internacional, en este caso por el rol de gran significación que —para bien o para mal— desempeña la gran potencia norteamericana en el mundo, de manera que el resultado de la elección presidencial estadounidense que se realizará a principios de noviembre próximo, tendrá necesariamente una gran repercusión no sólo doméstica sino también internacional.

Como sea, los debates entre los candidatos se han convertido en una pieza fundamental de las campañas electorales. En éstos se puede decidir el resultado de la elección. Inclusive, la importancia de los debates públicos y en general del llamado factor mediático —o sea la gran influencia de los medios de comunicación masiva—, induce a muchos políticos y observadores a menospreciar la inteligencia de los ciudadanos, pues aseguran que la gente no le da importancia a las ideas de los candidatos ni al contenido de sus propuestas, sino únicamente a la imagen y los gestos que los políticos presentan ante las cámaras de televisión.

Es cierto que desde que la mayor parte de lucha por el poder político se desarrolla en los medios de comunicación, sobre todo en la deslumbrante televisión a colores, la capacidad de simulación y de actuación de los candidatos ha sustituido bastante al debate de las ideas. La campaña política se parece cada vez más a un espectáculo circense, o de deporte comercial en el que se escenifican jugadas espectaculares para impresionar al público y derrotar al adversario.

Pero más allá de la crítica a la espectacularidad de las campañas electorales, hay que reconocer la importancia del debate en sí mismo, que representa un aspecto esencial de la democracia en acción. Ciertamente, la democracia no se desarrolla plenamente si no es mediante la discusión pública de las ideas y las propuestas, a través de todos los conductos posibles de comunicación.

Y es lógico y necesario que así sea, pues si la democracia se funda en la libertad de opinión y en la igualdad de derechos de los ciudadanos, entonces todo lo que es de interés social y particularmente los asuntos de gobierno, los programas y actuaciones de los partidos y los políticos, sus propuestas de campaña electoral para conseguir los votos que los llevarán al poder, deben ser ventilados de manera transparente ante la nación, mediante el debate comparativo para que la gente pueda escoger lo que le parezca mejor.

Por supuesto que el debate tiene que ser organizado a fin de que ayude efectivamente a los ciudadanos a elegir mejor, y para que la construcción de la democracia sea estable, sólida y de provecho para la sociedad.

Quienes vieron por la televisión extranjera el debate del jueves pasado entre los candidatos Bush y Kerry pudieron notar su seriedad a pesar de la dureza de los argumentos y cuestionamientos recíprocos. Supieron que es prohibido a los candidatos moverse en el escenario y abusar de recursos histriónicos, y notaron la actitud educada y respetuosa de las personas que asistieron a ver y oír el debate en vivo y de manera directa.

En cambio, el que hicieron aquí, al mismo tiempo que el de Miami, los candidatos a Alcalde de Managua, no sólo fue un “debate sin sustancia”, como lo caracterizó LA PRENSA en su edición de ayer viernes 1 de octubre, sino que lo único llamativo fue la falta de educación y el alboroto de las barras partidistas.

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