La ola del turismo en Nicaragua

Marco A. Mayorga

El sector turismo se ha ganado un buen lugar; muchos ciudadanos coinciden en que Nicaragua debe concentrar esfuerzos. Además de la belleza de país con el que Dios ha bendecido a Nicaragua ha sido importante el trabajo consecutivo de varios ministros, presidentes de Turismo, y la actual presidenta del Intur, Lucía Salazar de Robelo, le ha impreso un sello y energía particular; su gestión ha contribuido a formar una ola u otra ola.

El diputado Tomás Borges, presidente de la Comisión del Turismo de la Asamblea Nacional, impulsador y promotor del turismo, expresó en Granada que no se explica cómo Nicaragua tiene una mala imagen en el exterior, cuando es el país más seguro y prevalece la democracia.

Se siente y ve una gran ola a la que mucha gente ha apostado e invertido. Pero por otro lado, aún está pendiente el trabajo interno de construir la buena imagen, la que el turista descubre por medio de las noticias. A la fecha, los turistas piensan que visitar Nicaragua conlleva riesgos, pues se percibe un desorden social y económico

Las noticias, imagen y percepción de Nicaragua que se construyen día a día, no son más que el reflejo de los actos que a diario generamos y difundimos. La mala imagen es consecuencia de la forma ineficaz de hacer política, de resolver nuestras diferencias, de la falta de coordinación y de la mentalidad destructiva de no permitir y hacer fracasar al gobierno de turno. No ha sido posible en muchos años que Presidente alguno pueda gobernar con un plan que sea apoyado y ejecutado como país. Siempre los opositores se esfuerzan y coordinan para que fracase cualquier gestión del gobernante de turno.

Además existen otros aspectos incompletos e importantes. Ser eficiente en el manejo de la basura, la organización del transporte, el señalamiento vial, los mapas, en la actitud de la Policía con los extranjeros y las medidas de tránsitos absurdas —únicas y que promueven la corrupción— son aspectos que ayudan a crear buena experiencia que el turista anhela, pero que hoy es debilidad.

Asimismo está retrasada la aprobación de leyes —que nos haría cambiar de clasificación en el aeropuerto—, que permitan abaratar el costo de operación aérea en Managua para facilitar que más aerolíneas decidan por Nicaragua, que el precio del pasaje mejore y quede la posibilidad de una línea nacional. Resolver detalles meramente administrativos, como los cinco dólares que cada turista debe pagar a su ingreso a los oficiales de Migración —es un mal detalle—, y que podrían resolverse con voluntad y decisión haciendo una sola cuenta con los pagos de salida e incluyéndolo en el costo del pasaje

Podríamos tener una gran ola de turismo en Nicaragua, con infraestructura, una red de pequeños tour operadores, cientos de comercios y miles de artesanos listos esperando a los turistas; pero mientras no se cuide el ambiente político y se perciba al país como peligroso, muy difícilmente superaremos la actual cantidad de visitantes.

Con el interés del Intur y la Comisión de Turismo de la Asamblea Nacional, coincidiendo en que el turismo tenga proyección del Plan de Nación, es posible atraer la atención de toda la comunidad política y generadora de opinión. Enfrentando los retos del país con métodos civilizados en menos de un año será posible conseguir resultados en cambiar la imagen y percepción que el turista tiene. Sin olvidar en solucionar el sinnúmero de detalles de orden y limpieza.

La oportunidad está planteada y la ola está caminando. Lo que falta es reaccionar y ejecutar, o continuaremos lamentándonos de nuestro resultado como país.

El autor es empresario

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