Ernesto Medina S.*
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El lenguaje de señas nicaragüense
Ernesto Medina S.*
Recientemente la prensa nacional hizo eco de un artículo publicado, en septiembre del 2001, en el volumen 293 de la prestigiosa revista Science, órgano de divulgación de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia, más conocida por sus siglas en inglés como AAAS. En ese artículo, firmado por Laura Helmuth, se reportaba el significado que tiene para la lingüística moderna el lenguaje de señas creado por niños sordos nicaragüenses en dos escuelas de Managua.
En estas escuelas los niños sordos aprenden en las aulas —guiados por maestros que pueden oír— a leer los labios y a escribir y leer español. Sin embargo, fuera de los salones de clases, los niños se comunican siguiendo sus propias reglas. Lo que al inicio parecía ser únicamente un nuevo tipo de gestos hechos con las manos, fue reconocido por un equipo de lingüistas, a mediados de los años ochenta, como un idioma en formación al cual denominaron Lenguaje de Señas Nicaragüense (LSN).
Tal como reconoció el profesor Steven Pinker, del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), estos investigadores encontraron una verdadera mina de oro científica ya que “por primera vez se tendría la posibilidad de observar, en tiempo real, cómo surge la estructura de un nuevo lenguaje en la medida en que éste está siendo creado”.
Una de las principales investigadoras del LSN, la psicolingüista Ann Senghas, del Barnard College en Nueva York, sostiene que este lenguaje ha sido creado por los niños en el bus, en el patio de las escuelas y en la calle, sin darse cuenta que con esto se han colocado en el centro de un fiero debate entre los lingüistas.
Un grupo, liderado por Noam Chomsky, del MIT, sostiene que los niños nacen con lo que denominan como “dispositivo para adquisición del lenguaje”, es decir, una capacidad innata para la sintaxis que los prepara para construir un lenguaje desde cero. El otro grupo sostiene que los niños simplemente poseen estrategias generales para resolver problemas y aprender a comunicarse no es más que uno de los problemas más urgentes e inmediatos que enfrentan en la vida. Este debate ha llegado a adquirir profundas connotaciones ideológicas, avivando muchas veces el ya viejo conflicto entre ciencia y religión.
Hasta ahora, los datos que se han recabado estudiando el desarrollo del LSN parecen dar la razón a ambos bandos y seguramente el debate seguirá con la misma intensidad. Mientras tanto, el LSN se sigue desarrollando y las investigaciones se centran en cómo evoluciona la gramática de una generación a la siguiente. Para ello se están utilizando las más modernas tecnologías, algo que también se da por primera vez, ya que dichas técnicas no existían cuando se estaba sistematizando el Lenguaje de Señas Americano y, mucho menos, cuando se formaron las actuales lenguas modernas, cuyos orígenes se remontan a épocas muy lejanas.
Ha sido una feliz casualidad que el estudios sobre el LSN se haya dado a conocer en nuestro medio cuando estamos a dos días de dar inicio al Foro Nacional sobre Educación, surgido de los acuerdos entre el CNU y el Gobierno. Mientras en Nicaragua la pertinencia de las universidades se quiere medir sólo en función de su capacidad de respuesta a los impulsos del mercado, vemos como un grupo de investigadores de las más prestigiosas universidades de Estados Unidos tuvo la capacidad de reconocer que aquí, entre nosotros, algo único y de gran importancia para el avance del conocimiento estaba sucediendo. Desgraciadamente, no hay investigadores nicaragüenses dirigiendo esta investigación y esto debe llevarnos a reconocer que en los tiempos que estamos viviendo la universidad no puede desatender las demandas del mercado, pero que tampoco puede descuidar y desentenderse de su misión fundamental que es la búsqueda del conocimiento.
* El autor es Rector de la UNAN-León