Barbara Moore
Hace tres años todos fuimos testigos de un ataque sin precedentes contra el mundo civilizado. Estos ataques del 11 de septiembre dejaron consternados a hombres y mujeres en todo el mundo y terminaron con la vida de ciudadanos de más de 90 países. El recuerdo de estos acontecimientos alimenta los continuos esfuerzos de los Estados Unidos para defender a los estadounidenses y a nuestros amigos, como Nicaragua.
Las imágenes de ese día siguen grabadas en la mente de todos los que las vieron. Ese día, tripulaciones de Al-Qaeda arrebataron el futuro de cerca de tres mil inocentes de todas partes del mundo y devastaron la vida de sus familias y amigos. Rendimos honores a los que murieron ese día en Nueva York, Washington y Pensilvania. Sus familias, junto con todos los que aún llevan los recuerdos indelebles de ese día, merecen no sólo nuestros esfuerzos más dedicados en la guerra contra el terrorismo, sino nuestras más sinceras esperanzas y oraciones.
Que no haya duda, los Estados Unidos sacaremos fuerza del recuerdo de aquéllos que murieron ese día y seguiremos vigilantes contra los que todavía tratan de hacernos daño, a nosotros y a nuestros amigos en el mundo entero.
Los estadounidenses están muy conscientes de que el terrorismo no se inventó el 11 de septiembre. Demasiados países, en todo el mundo, han sufrido ataques trágicos durante décadas e incluso siglos. En esta región el terrorismo muchas veces ha tomado la forma de narcotraficantes armados que secuestran o matan a aquéllos que interfieran con sus planes. Estos terroristas, al igual que Al-Qaeda, no dudan en emplear el miedo y la muerte como un intento de demostrar su poder horrible.
En el ambiente posterior al 11 de septiembre, Estados Unidos trabaja con sus aliados para darle una nueva configuración a los arreglos de seguridad nacionales e internacionales para prevalecer sobre los terroristas, así como también sobre los estados y organizaciones que los apoyan. Nuestro objetivo es una paz perdurable y democrática en la que las naciones puedan desarrollar y prosperar, libres de la amenaza del terrorismo. No permitiremos que las regiones afligidas sigan empantanadas en la desesperación y la violencia. En lugar de eso, estamos comprometidos a ayudar a construir un futuro esperanzador para la gente que ha sufrido demasiado tiempo. Nuestros esfuerzos internacionales conjuntos para derrotar a los terroristas sirven, por lo tanto, para proveer la seguridad mundial con la cual las naciones libres y pacíficas pueden adelantar sus metas sociales, culturales y de desarrollo económico. Contrario de estas metas, Al-Qaeda y sus filiales no le ofrecen al mundo ninguna perspectiva constructiva. Su única misión ha sido destruir lo que otros han construido mediante el trabajo con empeño y dedicación.
Estados Unidos y sus misiones en todo el mundo trabajan a diario para echar los cimientos de la paz, apoyando el desarrollo de la democracia, que ofrece la esperanza y el progreso como alternativa a la tiranía y el terrorismo. En palabras sencillas, en las sociedades democráticas y exitosas los hombres y mujeres no adoptan como política nacional el asesinato en masa; se dedican a construir vidas mejores para sí mismos y para sus familias, mediante la educación y el trabajo duro. Los gobiernos no amparan campamentos terroristas ni matan a hombres, mujeres y niños inocentes. Elevan la condición de sus ciudadanos, invirtiendo sus energías y recursos para promover el imperio del derecho y buscar oportunidades ampliadas de comercio y otros intercambios.
En este día, los estadounidenses, junto con la gente de Nicaragua y todos aquéllos que aman la libertad y la democracia, interrumpen por un momento sus actividades para recordar a los caídos de 90 países que murieron el 11 de septiembre del 2001. Recordamos también a sus amigos y parientes, cuyas vidas cambiaron para siempre. Volvemos a vivir en nuestras mentes las imágenes de ese día horrible, pero también nos abrazamos a nuevas imágenes de esperanza. Recordamos el dolor y la solidaridad expresados en las plazas de las ciudades y en las embajadas estadounidenses que fueron la semilla de la campaña internacional contra el terrorismo iniciada luego de los ataques. Nos hemos comprometido a seguir trabajando con la comunidad internacional hasta el día en que los mensajes de los terroristas no encuentren eco, en que sus arcas estén vacías y en que podamos decir que los terroristas no reciben ni el apoyo ni la simpatía de nadie.
La autora es Embajadora de Estados Unidos en Nicaragua.