En pos de la componenda

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En pos de la componenda





El Partido Liberal Constitucionalista (PLC) está solicitando un “diálogo nacional” en el que participaría dicho partido con el Frente Sandinista y el Gobierno de la República, con el anunciado propósito fundamental de conseguir un acuerdo para la liberación de Arnoldo Alemán mediante una nueva ley de amnistía.

Según los liberales del PLC, el encarcelamiento de Arnoldo Alemán es la causa de todos los desasosiegos que sufre el país actualmente, y sobre todo de la inestabilidad institucional y gubernamental. Por lo tanto, ellos plantean que es por el interés nacional que se debe poner en libertad a Alemán, quien, como se sabe, está preso en condiciones privilegiadas en una sala privada del Hospital Militar, condenado a veinte años de prisión por haber cometido graves delitos de corrupción cuando fue Presidente de la República.

Esta propuesta de diálogo nacional y amnistía surgió de una encerrona de funcionarios públicos liberales y líderes del liberalismo arnoldista, que celebraron en la residencia de la suegra de Alemán el miércoles 25 de agosto recién pasado; y algunos días después la iniciativa fue retomada por el cardenal Miguel Obando y Bravo, en declaraciones que dio a los periodistas después de la misa del domingo 29 de agosto.

Para viabilizar su propuesta los arnoldistas están exagerando las dificultades que afronta el Gobierno por algunas acciones hostiles de los otros poderes del Estado manipulados políticamente por sandinistas y liberales, y tratan de hacer creer que el país está sumido en una profunda crisis de gobernabilidad que sólo se podría resolver con un diálogo nacional y la amnistía para Alemán.

En realidad, el diálogo y la búsqueda de acuerdos por medio de la negociación política son los procedimientos básicos de la democracia, que se caracteriza por el uso de medios cívicos para resolver los problemas. Precisamente en estos días de septiembre —mes de la Patria—, se conmemora el 148 aniversario del Pacto Providencial que los líderes liberales y conservadores suscribieron, en 1856, con el propósito de dejar a un lado sus diferencias políticas y unirse en la lucha contra los filibusteros de William Walker, y establecer un sistema democrático de gobierno basado en la alternabilidad en el poder cada cuatro años.

Por cierto que uno de los puntos fundamentales del Pacto Providencial del 12 de septiembre de 1856, suscrito por el caudillo liberal, general Máximo Jerez Tellería, y el caudillo conservador, general Tomás Martínez Guerrero, fue el de que “habrá una amnistía general sobre lo pasado que hubieran hecho los partidos y sus partidarios”.

En general nadie puede oponerse con razón al diálogo, la negociación y la búsqueda de acuerdos para resolver los problemas políticos e institucionales y asegurar la estabilidad nacional. Sin embargo, nadie que conozca al menos parcialmente la historia de Nicaragua puede ignorar que después del Pacto Providencial de 1856, los políticos tradicionales nicaragüenses —liberales, conservadores y ahora también los sandinistas—, envilecieron y desacreditaron la institución democrática del diálogo, la negociación y el pacto, porque los convirtieron en componendas para la repartición de los cargos públicos, para saquear “legalmente” los recursos del Estado y para cubrir de impunidad a los personajes corruptos y violadores de los derechos humanos.

Sin dudas que eso mismo es lo que quieren repetir ahora los liberales arnoldistas y sus aliados de diversa índole política y religiosa: dialogar y pactar para permitirle al presidente Bolaños gobernar con tranquilidad durante el resto de su período, y hacer nuevas concesiones de poder real al Frente Sandinista, a cambio de una amnistía para liberar a Alemán de cárcel y cargos y, además, para cubrir de impunidad a todos los corruptos que tendrían así licencia para seguir robando al erario nacional.

El presidente Enrique Bolaños no debe caer en esa burda trampa. La verdad es que el país está funcionando y la economía crece a pesar de los obstáculos y el acoso del caudillismo pactista. Además, no es cierto que el Gobierno se esté cayendo ni que los pactistas tengan agallas para botarlo. Y si se cayera, pues más vale abdicar con dignidad que someterse a la iniquidad.

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