Alejandro Fiallos Navarro
Deseo agradecer a mi esposa y a mi familia el haberme acompañado con entereza en los momentos difíciles que vivo. Le pido perdón a mi madrecita por estar haciéndola sufrir y le agradezco también sus oraciones.
Igual cariño dispenso a quienes han tenido la valentía de expresarme su solidaridad en la cárcel; tanto a los correligionarios que buscan conmigo una verdadera Alianza por la República, como a los alcaldes, concejales, dirigentes empresariales y sindicales, diputados, funcionarios y amigos; incluyendo a muchos a quienes no conozco y me han dado su apoyo.
Gracias a todos. Es por ustedes que aún tengo fuerzas, que tengo ánimo y fortaleza para contribuir a cambiar las cosas en nuestra sufrida Nicaragua. Ese es mi pecado. Esa es mi cruz y aquí estoy. Preso, encarcelado, sufriendo y lamentando atropellos injustos por atreverme a pensar diferente y querer cambiar las cosas.
No me arrepiento. Nunca me he arrepentido de mis actos. Soy apenas uno más de muchos que en nuestro país han sido víctimas de la justicia que nunca hemos gozado los nicaragüenses.
Pareciera que siempre ha sido así. Pareciera que de nada sirvió tanta sangre y luto de valientes hombres y mujeres que vivieron lo que hoy padezco yo en carne propia, simplemente por pensar diferente. Por pensar en Nicaragua. Por ser honesto en un país empobrecido por el latrocinio y la corrupción.
Ivonne, mi esposa, muchas veces en el silencio de la libertad de nuestro hogar me ha cuestionado el haberme metido en “esto”; a pesar de haber triunfado profesionalmente en el sector privado.
¿Qué he ganado? Calumnias. Injurias. Acusaciones falsas. Han tratado de destruirme. Me tienen preso. Mis hijos no han dormido desde que supieron que su padre está encerrado entre cuatro paredes, víctima de la injusticia y la envidia.
Nunca me metí en política para servirme de ella. Yo creo —igual que el presidente Bolaños— que quien no gobierna para servir, no sirve para gobernar.
No me corrí al ruido de los caites. Aquí estoy, preso. Pero no estoy derrotado. Al contrario, me siento más libre, me siento ahora más que nunca comprometido con los managuas. Managua, es primero. Por ustedes estoy aquí, y sé que mi cruzada no es en vano.
Renuncié a una vida profesional próspera por mi vocación de servicio y por mis principios. Sufro no por mi encierro, estoy sufriendo por las amenazas al futuro de nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos.
Mi delito ha sido tratar de servir a los managuas. Cuando fui secretario presidencial, presidente ejecutivo de Correos e Inifom, recibí dardos y flechas que me advertían y amenazaban. Lo más fácil para mí hubiera sido quedarme como un burócrata más en el Gobierno.
Pero ¿y para qué me metí entonces en política? Me embarqué en esto porque creo que llegó la hora de cambiar las cosas. Es cierto, soy liberal. Pero antes que liberal, soy nicaragüense, soy un managua más que quiere iniciar el verdadero cambio que necesitamos para que nuestros ciudadanos vivan con dignidad.
Repito: no me arrepiento. Pagaré la penitencia que los verdugos —verdugos del pueblo también— decidan. Eso me gané por haber salido excelentemente bien en las últimas encuestas, lo que alarmó a los caciques.
Mi conciencia y mi honor están tan limpios como mi voluntad de servirle a los managuas.
Yo escupiré hacia arriba sin miedo y tiraré las piedras que sean necesarias, porque mi techo no es de vidrio. Mi techo es la libertad y la solidaridad de todos aquellos que se han atrevido a respaldarme a pesar de las críticas condiciones en que me tienen los amos y señores de nuestro destino y contra quienes nunca cederé hasta que enterremos sus patológicas ambiciones.
Dejo todo a Dios. Estoy pagando las consecuencias por desafiar a los politiqueros. Lo haría una vez más si fuera necesario. No me arrepiento, pues cada grito de respaldo es una condecoración inmerecida de mi pueblo a quien únicamente busca —ahora desde la cárcel— defender sus principios para fortalecer lo que Managua y Nicaragua entera necesitan: una verdadera Alianza por la República.
El autor es candidato a Alcalde de Managua, de la Alianza por la República (APRE).