Eduardo Enríquez
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Las preguntas del votante
Eduardo Enríquez
Faltan 84 días para que los nicaragüenses vayamos a las urnas a decidir quiénes serán nuestros alcaldes y concejales por los próximos cuatro años.
Parecen muchos días, pero esta democracia está tierna, no sabemos cómo manejarla, así que pensar bien, a quién le vamos a dar la “equis” es importante.
Aunque a simple vista no parece, la verdad es que cuando los políticos tienen que responder a los votantes, hacen un mejor trabajo. No es por casualidad que las “personalidades” mejor valoradas en Nicaragua sean actualmente Herty Lewites, alcalde de Managua, y el presidente Enrique Bolaños.
Ellos dos han empeñado su palabra directamente con los votantes y su sobrevivencia —particularmente la de Lewites— en el mundo político depende directamente de cumplirla. O sea, si están haciendo bien su trabajo no es necesariamente porque sean buenos, sino porque responden directamente a la ciudadanía.
No es el caso de los diputados, cuya sobrevivencia política depende del dedo del caudillo —y ya no digamos los magistrados— tanto los unos como los otros tienen poco interés en quedar bien con el votante porque el sistema está diseñado para que nada le deban.
Entonces, ese poder que tiene el ciudadano en sus manos no se puede tomar a la ligera. No puede el ciudadano emitir su voto por el candidato que “de todas maneras va a ganar”.
Tampoco se trata de votar por el que tenga más propaganda en las calles. O que, como uno simpatiza con tal o cual partido pues, automáticamente tenga que votar por el candidato de ese partido.
El votante debe preguntarse, en el caso de las elecciones municipales, quién parece ser el más capaz y si su currículum o experiencia respalda esa percepción de capacidad. Quién tiene el plan más coherente para cumplir con las necesidades del municipio. Quién tiene más capacidad para actuar con independencia de los caudillos y también quién es más honesto.
Es posible que ninguno de los candidatos llene todas las expectativas, pero indudablemente uno saldrá mejor parado. A ése habría que darle la “equis”.
Si cada votante realiza ese ejercicio intelectual, indudablemente la gente que tendría Nicaragua en los cargos de elección popular sería de mucho mayor calidad que la actual.
Por mucho tiempo el nicaragüense ha votado con el hígado. Si empieza a votar con la cabeza las cosas van a cambiar.