Sigue contrabando de animales a Honduras

Angélica Martínez R. Antes del amanecer, pobladores de Palo Grande, Vado Ancho Arriba y Santo Tomás del Norte, salían de sus ranchos rumbo al “bisne”, a los sitios donde compraban mercadería de contrabando. Eran los años ochenta, y Palo Grande, comarca del municipio de Somotillo, era la “capital del contrabando” en la década que gobernó […]

Angélica Martínez R.

Antes del amanecer, pobladores de Palo Grande, Vado Ancho Arriba y Santo Tomás del Norte, salían de sus ranchos rumbo al “bisne”, a los sitios donde compraban mercadería de contrabando. Eran los años ochenta, y Palo Grande, comarca del municipio de Somotillo, era la “capital del contrabando” en la década que gobernó el Frente Sandinista.

El contrabando continúa, pero lo que más trafican ahora son animales, burlando los controles del Ministerio de Recursos Naturales y del Ambiente (Marena).

José Gutiérrez, de Santo Tomás del Norte, ha vivido del contrabando desde hace 35 años. Cuenta que ha participado en “eso” sólo como “bultero”, como cargador.

“Hay un señor que nos paga cien pesos a cada bultero por una hora de camino. Yo le he llevado sacos de (serpientes) coral, cascabel, tucanes, cajas con ratones blancos… Dicen que eso se lo llevan para las embajadas, que ahí los compran”, relató.

Uno de los animalitos más apetecidos por los niños del occidente es el perro zompopo. “Se lo llevan por cajonadas de aquí y dicen que lo venden, cada uno, a cinco dólares. También me ha tocado llevar ranas, dicen que en algunos lugares se las comen”, cuenta Gutiérrez.

Por un permiso para sacar una lora se pueden pagar hasta 500 dólares, he ahí el negocio. La Policía hondureña, según la experiencia de Gutiérez, es mucho más dura que la nica. “Te llevan preso”.

Además de Palo Grande, otras quince comarcas ubicadas en la misma ruta de la frontera con Honduras entraron de lleno en el contrabando en los años ochenta, sólo que Palo Grande era preferida por dos razones: casi no había actividad militar y tenían el río como protector.

El río Negro, a un kilómetro de distancia del caserío y a sólo trescientos metros del mojón que señala el límite con Honduras, era su mayor aliado. Por ahí, los nicas cruzaban al otro lado donde los esperaban los hondureños escondidos tras los matorrales con la mercadería. La transacción se hacía en silencio y a prisa.

“Con lo que ganaba de la venta de cinco docenas de champú Lemáns, nos daba para vivir al menos tres días y después volvíamos. Habían los que traían por montones los champú, pero es que para el contrabando también había que tener reales y si te agarraban lo perdías todo. A mí gracias a Dios nunca me agarraron”, cuenta Justina Jarquín, pobladora de Palo Grande.

Champú Lemans, VO5, Café Oro, baterías Ray-o-Vac, desodorantes y perfumes Charisma, eran las marcas que invadían por esa vía los mercados nicaragüenses hace dos décadas. Otros productos eran los pantalones Wrangler y los zapatos deportivos Cobra.

De Nicaragua llevaban a Honduras leche, queso, veneno o animales de la fauna nica, como boas, loras y monos, especies que aún son contrabandeadas.

CHOLUTEQUITA ESTÁ RALO

Hace días cuando visitamos “Cholutequita”, como llaman al pequeño mercado de la frontera con Honduras, un lempira se cotizaba a un córdoba con 15 centavos.

Sus callejuelas, hace veinte años llenas de compradores y vendedores, lucían desiertas. Uno que otro nica compraba ropa o calzado, había negocios de por medio cerrados o a medio cerrar. ¡Pregunte “tita”!, es casi un lamento que se oye al pasar al frente de montañas de mercancías.

Este es un mercado de amigos, “se siente mucha tranquilidad al comprar”, nos comenta una clienta. No se le ve un asomo de malicia a los comerciantes, cuando los incautos turistas titubean al intentar hacer la conversión mental de dólar a lempira o córdoba.

Florentina Díaz, Doña “Tina”, como conocen a esta septuagenaria que comenzó su negocio en los tiempos que el “bisne” quedaba en el río, relata que “ya no es como antes”.

“El movimiento está bien bajo, la gente tiene miedo de venir porque los policías están en la carretera. En el mejor tiempo, como diciembre, al mercado vienen hasta 500 personas, de las diez (de la mañana) en adelante comienza el movimiento, hasta las tres de la tarde cuando se va el último bus”.

Según doña “Tina”, en un día “bueno” vende hasta seis mil u ocho mil lempiras diarios. “Ahorita sólo estoy vendiendo mil, dos mil lempiras”. Ella rememora con nostalgia la época dorada de los ochenta. “Antes en la aduana no andaban molestando tanto, hay gente que la han dejado en la calle”, se queja.

“Antes eran montones de reales, ahora es más poquito lo que se gana”, dijo José Gutiérrez. “Mi negocio son los chanchos. Yo los compro a diferentes precios y los vendo allá a nivel”. Es decir, que si compra un cerdo a 1,600 y otro a mil y los vende todos a 1,400 cada uno, le deja un margen de ganancia bueno.

“En cada viaje (a Honduras) llevo ocho ó 10 animales y voy cada ocho días. No sé cómo será irse por aduana, porque nunca he tenido necesidad de hacerlo”.

NARCOS, NADA QUE VER

Para los contrabandistas su actividad es moralmente buena, porque es una forma de subsistencia; no así el narcotráfico que busca el mal de las personas que consumen esas sustancias. “Es dinero maldito”, dice doña Justina.

“Una vez vimos que unos policías de aquí, detuvieron un camión lleno de ayotes y en medio de los canastos venían 10 paquetes de droga”, afirma José. “Los policías se quedaron con tres y dejaron ir a la señora, pero al cruzar Honduras la volvieron a agarrar y después se llevaron a los policías”.

Los contrabandistas dicen que la vigilancia de la Policía y el Ejército ha aumentado, debido al narcotráfico, y eso les dificulta “comerciar” con tranquilidad.

Filadelfo López, habitante de Vado Ancho Arriba, en el límite fronterizo, cuenta que los comerciantes ilegales han denunciado a los narcotraficantes ante la Policía. “Todos los meses pasa por aquí un camión llenito de queso, viene de Chontales, pero lo que lleva es droga. A cambio de esa información (la Policía) no nos quita nada, porque además es poquito lo que traemos”, comentó.

PASO RÁPIDO

Las aduanas periféricas ya cuentan con personal de los diferentes países para vigilar las nuevas ventanillas integradas, porque ahora en una misma aduana se pueden hacer todos los trámites para circular entre Nicaragua y Guatemala.

“Antes al gestor aduanero le tenía que pagar para que me hiciera los trámites, ahora lo hace uno mismo”, dice Marcos Tulio Sánchez, ganadero de Somotillo. “Yo pago 700 dólares por cada camión de ganado que llevo, libre comercio no es libre de impuesto sino (que significa) menos tardanza”.

Diario cruzan por El Guasaule unos 200 vehículos con turistas y más de 130 camiones de carga.

“Al turista se le va a dar un trato que llamamos de ‘buena fe’, es decir que sólo va a llenar un formulario de declaración y le vamos a sellar sus documentos. En esto sólo va a perder unos 10 minutos. La policía ya no va a hacer sus revisiones en la aduana sino en carretera, de modo que si mintió en su declaración ellos lo van a descubrir”, explicó Gustavo Sánchez, gerente de la aduana El Guasaule, frontera entre Nicaragua y Honduras.

Según Sánchez “la mayor parte de la mercadería que pasa como contrabando son productos exonerados de impuestos; lo que evaden es el permiso que deben tener de instituciones como el Minsa, en el caso de las medicinas y cosméticos, o del Marena, en el caso de animales exóticos”.

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