Israel Kontorovsky Artola
Parece ser que algunos nicaragüenses de los que forman opinión han perdido la fe en sus conciudadanos, y como la esperanza es lo último que se pierde, se puede considerar que ya han perdido todo. Las fuerzas auténticamente democráticas son mayoritarias de Nicaragua. Y aunque el PLC se encuentra hoy secuestrado por intereses que no son precisamente democráticos, en la Alianza por la República hay un fuerte sector liberal que representa la esperanza de que mayoritariamente esta corriente política volverá por sus fueros democráticos.
Lo que hace falta es convencer a las grandes mayorías democráticas, de la conveniencia para el país de escoger la nueva opción que no está contaminada por los vicios de siempre y que propone la unión de todos los nicaragüenses para resolver los graves problemas nacionales, a través de la Alianza por la República.
Los demócratas somos mayoría en el país y estamos orgullosos de serlo. No estar de acuerdo con corrupción e imposiciones nos hace mejores nicaragüenses y por eso mismo no renunciamos a nuestros principios de la misma manera que no renunciamos a ellos en los momentos más duros del pasado. Me parece que a veces cuesta mucho reconocer que existen principios que deberíamos respetar, y naturalmente que se puede hablar por hablar o se puede ser indiferente, pero esto es negativo. También se puede criticar con ánimos de destruir a priori, pero esto es negativo, dañino y pernicioso. Puede, sin embargo, ser comprensible cuando existen intereses generalmente mezquinos de por medio.
El hecho de crear una alternativa más sana para la población, no es nuevo, ni en Nicaragua ni en el extranjero, de tal modo que no es un experimento irresponsable sino una profunda necesidad, aceptada desde hace mucho por los más serenos, los más prudentes y las grandes mayorías. Negociar, claudicar en lo que creemos, dejar a un lado los principios, sería grave para la nación y volveríamos los nicaragüenses nuevamente a caer en lo mismo.
Algunos analistas y editorialistas no comprenden esta verdad, no comprenden que no se trata de un asunto de poder por el poder mismo, sino de establecer bases firmes para ir conformando un país con esperanzas. Los mejores aliados resultan de la antidemocracia de cualquier extremo. Nadie ha dicho que sea una tarea fácil, pero las cosas que valen la pena no acostumbran ser fáciles. Tampoco se trata de eliminar a nadie, se ha demostrado que en nuestro país cabemos todos, desde el más egoísta hasta el más desprendido, desde el más abierto hasta el más solapado.
Esta claro, que todo el mundo tiene intereses que cuidar, el punto es que nuestros intereses no dañen los intereses de nuestros prójimos. La historia deja enseñanzas, pero hay que saber leerlas. En mi opinión lo que la historia nacional enseña es que el triunfo a costillas de los más caros principios, es realmente una derrota, y por eso en nuestro martirizado país hemos ido de derrota en derrota. Como dijo el patriota norteamericano Paul Revere: “Yo ignoro el camino que otros tomen, en cuanto a mí, dadme la libertad o dadme la muerte”. Afortunadamente algunos lo acompañaron, aunque no faltaron analistas y editorialistas que dijeran que andaba buscando silla o que no tenía liderazgo, y que más le valía aliarse con los ingleses que tenían el poder. Esos mismos editorialistas fueron los que dieron a conocer su famosa frase.
De todo hay en la viña del Señor. Para no errar vale más ser auténtico con nosotros mismos. Con tristeza hoy vemos que los que deberían dar al menos el beneficio de la duda a un esfuerzo sincero y franco de salir del ciclo de perversidades en los que acostumbramos meternos, más bien se han convertido en agoreros de la mala fortuna. Ese espíritu derrotista es el que realmente fomenta el divisionismo e individualismo; estando así las cosas, si realmente con sinceridad deseamos una Nicaragua mejor para todos, tenemos que decirles: no nos ayuden compadres, pero tampoco estorben.
El autor es jefe de campaña electoral municipal del partido Alianza por la República.