Julio Ignacio Cardoze
En Nicaragua las teorías se estrellan como las olas del mar contra las rocas y terminan en espuma. Nuestra organización como nación es improvisada de acuerdo a circunstancias particulares. No obedecemos a patrones teóricos. Carecemos de convicciones. Somos cívicamente irresponsables. Nuestro déficit de pensamiento es grande. Constituimos una sociedad inconsciente que no reconoce ni considera el papel clave de la sociedad civil en el desarrollo, la democracia y la gobernabilidad. Consideramos sociedad civil lo que no es Estado-Gobierno, sin mayor trascendencia. La sociedad civil y democracia las asumimos como hechos consumados. No tenemos, ni buscamos, bases para comprender y valorar la libertad y defenderla.
No entendemos que los retos de las sociedades libres son grandes y permanentes, que presentan desafíos y demandan sacrificios constantes. Intercalada en la dicotomía sociedad civil-Estado, entre nosotros, encontramos la sociedad política como algo independiente de las anteriores, con sus propios proyectos, ajenos a las dos primeras. La sociedad civil es voluntaria y nace de gentes que hacen suyas propuestas, morales y políticas, que toman bajo su responsabilidad; contrapuestas, independientes y limitativas de la acción del Estado.
Producto del pensamiento político moderno liberal como propuesta a la limitación del Estado, especialmente en países donde prevalece el estado de derecho (rule of law) la economía de mercado, el pluralismo social y un ambiente libre para el debate público, la sociedad civil desempeña un papel importante en la estabilidad política y social, y en el desarrollo económico.
Las sociedades civiles se pueden distinguir en diferentes acepciones. Nosotros preferimos la positiva-participativa, que desarrolla su acción con las decisiones cruciales de segmentos de sociedades activas y responsables, a favor o en contra, de circunstancias, positivas o negativas, para el conglomerado y en una esfera separada del Estado, y de la sociedad política, lo que implicaría asumir compromisos.
En Nicaragua no hay auto-evaluación ni auto-reconocimiento de la sociedad civil, ni la configuración de un mecanismo de rendición de cuentas (accountability) por parte de este sector sobre temas como la política, la democracia, la ética, desarrollo sostenible, atención a las necesidades de la población y los derechos humanos y sociales, ante los cuales se muestra tradicionalmente indiferente, oportunista y clientelista.
En Nicaragua la sociedad civil desempeña un papel indiferente y espectador dejándoles el protagonismo a los políticos, que ante esa indiferencia se consideran el fin y no un medio.
Desconocemos que el entramado institucional oficial de autoridad necesita un soporte comunitario, para, a su vez, intercambiando garantías y legitimidad, autentique el entramado institucional civil de la sociedad, en particular; el marco jurídico necesario para las actividades del ciudadano.
Según Víctor Pérez-Díaz las distorsiones del concepto de sociedad civil existen, y nosotros podríamos mencionar el caso de Nicaragua como ejemplo. Pérez-Díaz comenta que las distorsiones llevan a la destrucción de la sociedad civil porque la sustituyen por una sociedad in-civil.
Valdría la pena considerar si ya llegamos a esa circunstancia crítica, y uno de los síntomas de que ya constituimos una sociedad in-civil, será la falta de interés o preocupación por descubrirlo. Parece que sí.
Bobbio la describe como el lugar donde se desarrollan los conflictos sociales, económicos, ideológicos y religiosos, que las instituciones del Estado deben resolver.
Los sujetos de los conflictos son las organizaciones sociales, grupos de interés, etcétera. Pero en Nicaragua es al revés, la sociedad civil es pasiva y expectante; la sociedad política, el sujeto, es la activa y protagónica; y el Estado un simple instrumento.
La opinión pública es parte de la sociedad civil. Bobbio asegura que la opinión pública es pública porque es transmitida al público por los medios, pero sin esa publicidad, o con una publicidad mediatizada o sectorizada, la función de la sociedad civil pierde su función, desaparece, es absorbida por el Estado o neutralizada por la sociedad política, como en nuestro caso.
El autor es jurista nicaragüense, reside en Miami.