Johnny Cajina Guillén
Acompañada por cientos de promesantes, la pequeña imagen de Santo Domingo de Guzmán recorrió al ritmo de chicheros, algunos de los populosos barrios orientales de la capital, en su tradicional procesión del cuatro de agosto.
Montada en su acostumbrada y colorida peaña, la imagen fue llevada en hombros por los cargadores tradicionalistas a través de las viejas arterias de la ciudad hasta la esquina de la iglesia El Calvario, donde los comerciantes del Mercado Oriental no escatimaron gastos en la quema de cohetes y morteros.
De ahí en adelante, la romería atravesó con dificultad los cada vez más estrechos callejones del Oriental y fueron necesarios un par de horas para que la bulliciosa peregrinación arribara a la calle principal de ese atestado centro de comercio.
“NO LO QUIEREN SOLTAR”
María Teresa Castillo, del Comité de Cargadores Tradicionales, explicó que “la procesión del día cuatro es la única oportunidad que tiene el pueblo de Managua para cargar a su santo patrono, pues durante los días primero y diez de agosto, sólo lo podemos hacer los cargadores tradicionalistas”.
“Por ese motivo el santo se tarda mucho tiempo en el Oriental, pues todas las mercaderas desean cargarlo con devoción y no lo quieren soltar”, señaló Castillo, una de las cinco mujeres que pertenecen al Comité de Cargadores, dominado por 75 hombres.
Fue notorio que ninguna autoridad impidió la venta y quema de enormes cantidades de artefactos explosivos, peligrosamente encendidos, en el interior del Mercado Oriental y en los semáforos de Ciudad Jardín, donde se ubican dos estaciones de gasolina.
Santo Domingo de Guzmán regresó a su iglesia a las 5:00 p.m., sin registrar ningún hecho relevante.