Enrique Genie Alvarado
Durante el siglo pasado el mundo estuvo convulsionado por dos sangrientas guerras, la primera entre 1914 y 1919, y la segunda de 1939 a 1945, conllevando a muchas transformaciones políticas, ideológicas y filosóficas, económicas y socio-culturales, en las que el planteamiento de los derechos humanos, el tema de la ayuda humanitaria y cooperación, el control de la carrera armamentista, seguridad internacional, entre otros, entraron a jugar un papel preponderante en la relaciones internacionales. Como consecuencia, la humanidad en una última prueba de existencia, gestó la idea de crear un organismo supranacional que velara por la preservación de la paz.
Primero, aunque los estadounidenses entraron en la guerra a comienzos de 1918, el presidente Woodrow Wilson (Premio Nobel de la Paz en 1919), formuló, de sus idealistas “Catorce Puntos”, las bases que proponían la paz y la reorganización de las relaciones entre Estados una vez finalizada la I Guerra Mundial. Pero el Senado de su país tomó la decisión de mantenerse al margen de los asuntos internos europeos. En 1919, durante las negociaciones de paz se discutió y aprobó la creación de la Sociedad de las Naciones en la Conferencia de París (pacto de Versalles), sellando el fin de la Primera Guerra Mundial. El 10 de enero de 1920, inicialmente, se afiliaron un aproximado de 42 países, entre ellos Nicaragua. Del 15 de diciembre de 1920 al 26 de mayo 1937, el resto de países.
Este primer intento no duró mucho. En 1933 inicia una crisis interna cuando Alemania y Japón la abandonan, la primera, al poco tiempo de llegar Adolfo Hitler al poder, y el segundo, por las condenas de que fue objeto a causa de su guerra de conquista contra China. Y tras ser censurada por su invasión a Abisinia, Italia lo hizo en 1936, con lo que se completó la tríada de lo que después sería el “Eje” en la II Guerra Mundial. Por consiguiente, años después llegó a su total fracaso, ya que no pudo evitar la II Guerra Mundial.
A finales de la segunda guerra, nuevamente se planteó la necesidad de constituir un nuevo sistema internacional que asumiera un verdadero liderazgo con la finalidad de promover la cooperación y garantizar la paz y seguridad. Por consiguiente, en 1945 firmaron en San Francisco la Carta de la Organización de las Naciones Unidas, nombre concebido años atrás por el presidente de Estados Unidos Franklin D. Roosevelt, siendo Nicaragua miembro fundador. Se asumió que la mejor manera de dirimir los conflictos o controversias entre Estados, es aplicando la diplomacia antes que las armas, como eje negociador, lo cual está acorde con los objetivos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.
La ONU está estructurada por seis órganos principales, de los cuales el Consejo de Seguridad tiene la responsabilidad primordial del mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, y sus decisiones obligan a todos los Estados miembros a cumplir. Lo componen 15 miembros, 5 permanentes (EE.UU., Rusia, Reino Unido, Francia y China) y 10 elegidos rotativamente por un período de dos años.
En los registros diplomáticos se observa que Nicaragua, en dos ocasiones, ha sido miembro no permanente de este importante órgano; la primera en 1970-1971 y la segunda 1983-1984. Ahora bien 15 años después, a partir de 1999, Nicaragua presentó sus justas y merecidas aspiraciones para ocupar nuevamente esta prestigiosa silla, a partir de la elección que se realizará durante el 60º período ordinario de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en el 2005. Nicaragua ostenta una mayor experiencia histórica y capacidad en los temas de seguridad y solución pacífica de controversias, como ejemplo el “Procedimiento para Establecer la Paz Firme y Duradera en Centroamérica” mejor conocido como Esquipulas II, y el Tratado Marco de Seguridad Democrática en Centroamérica, siendo hoy en día el único país que por un acto de buena voluntad ha llevado a cabo el Programa de Limitación y Control de Armamentos en Centroamérica para alcanzar el Balance Razonable de Fuerzas, entre otros. Esto le da un merecido reconocimiento y confianza de la comunidad internacional e inspira a otros para seguir su ejemplo.
En la Constitución de Nicaragua (artículo 3) está establecido que la lucha por la paz y el establecimiento de orden internacional justo, son compromisos irrenunciables de la nación nicaragüense, así como los principios de libertad, justicia y el respecto a la dignidad humana, la libre cooperación internacional y el respeto a la autodeterminación de los pueblos (artículo 5, párrafo 1ro Cn.) La política exterior está fundamentada en la amistad y solidaridad entre pueblos, la reciprocidad entre los Estados y reconoce el principio de solución pacífica de las controversias por el derecho internacional y a la vez proscribe todo uso de armas nucleares o cualquier otro medio de destrucción masiva (artículo 5, último párrafo, Cn.), por tanto considera que la buena fe debe imperar entre las naciones.
El autor es jurista