- El recuerdo de ver a toda su familia tirada, degollada le provoca un dolor indescriptible
Mirna Velásquez Sevilla, JohnnyCajina y José Adán Silva
Doña María Mercedes Bustillo habita en los recuerdos cicatrizados por el asesinato de sus seis hijos y su esposo.
Su andar lento, su hablar pausado y las dolencias de su cuerpo son quizá el tardío efecto de una década que marcó su vida para siempre: en su presencia fueron degollados por la Contra sus seis hijos y su marido.
Aquella noche, doña María y su compañero Ricardo Blandón discutieron. Ella insistió hasta la saciedad en que todos debían salir de la casa, huir, porque se rumoraba en la comunidad que la Contra planeaba asesinarlos.
Don Ricardo, terco e incrédulo, no escuchó la advertencia que su hijo ilegítimo, desertor de la Contra, había hecho. Se limitó a hacer un ligero comentario acerca de los nervios de doña María y decidió que se quedarían.
En la finquita de La Fragua, cerca del municipio de El Jícaro, en Nueva Segovia, eran las 8:00 p.m. del 28 de octubre de 1982. Sus hijos estaban cenando, otros buscaban la cama para ir a dormir. Ella preparaba un café.
Súbitamente, tres hombres entraron a su casa. La advertencia que no fue escuchada se estaba volviendo realidad en ese instante.
“¡Manos arriba!, tírense al suelo”, ordenó uno de los hombres. De inmediato, su esposo Ricardo Blandón Landero y sus hijos Leonardo, Gregorio, José Ricardo, Nicolás Antonio, Juan Ángel obedecieron.
“El que se levante es el primero que se muere”, dijo una voz imperativamente. Doña María, sin embargo, se levantó. Continuó la faena del café, como si no ocurriera nada, con la esperanza de que aquellos hombres detestables cambiaran de idea y se marcharan. Quería que la escena de la cena, la discusión, sus hijos buscando la cama, no fuera interrumpida.
Pero no fue así. Condujeron a todos a la cocina, los ataron de las manos y los sacaron a cierta distancia de la casa. Los ruegos de doña María no fueron atendidos, más bien la amenazaron. A unos 200 metros, los degollaron a todos.
“Sólo oí los lamentos donde los mataron, decían ‘Ay, Dios mío’”, recuerda amargamente. A tres kilómetros más lejos de la casa fue encontrado don Ricardo, sin un rastro de sangre a su alrededor, más odiosamente asesinado.
La pesadilla de ver a toda su familia tirada, degollada fue más que traumática y dolorosa. En la oscuridad, doña María corrió de la mano de los dos niños que le quedaban, Bernarda y Efrén, de 7 y 1 año respectivamente.
“Salí hasta cierta parte para avisar y se me hacían yagual los pies, no pude salir”, rememora.
RESISTIENDO
Doña María Bustillo hoy tiene 76 años. Procreó 12 hijos con don Ricardo, de los que ocho eran varones y cuatro mujeres. Trabajaban cultivando la tierra y criando ganado.
Santos Humberto fue el último de sus hijos que pereció en la guerra, cuando prestaba el Servicio Militar. Le sobreviven a la guerra, sólo dos varones: Jesús (Chunguito), Marcos Efrén y las cuatro mujeres.
En el resto de la década doña María resistió admirablemente al dolor. La sombra de sus seis hijos muertos y su marido, fue iluminada por la solidaridad y apoyo moral de todos los sandinistas de El Jícaro, más la necesidad de seguir adelante para dar educación a los que le quedaron.
Pero el tiempo ha cambiado y los recuerdos han recrudecido más que nunca. Su dolor es alimentado por una pensión de 262 córdobas que recibe por cada hijo menos, plata que no le alcanza para curar los males que padece. No le queda más que aguantar su enfermedad y buscar remedio, según dice.
La ironía de su vida es tanta que Marcos Efrén, el niño de un año que presenció la masacre de la Contra, financiada por el Gobierno norteamericano, se vio obligado a partir mojado hacia Estados Unidos, a buscar mejor vida.
Desde aquella noche de octubre, doña María no regresó a La Fragua. Sólo aguarda la ayuda de su hijo para socorrer sus males y continuar resistiendo con fuerza cada vez menos intensa para vivir.
Pero el rojo de la sangre que corre en sus venas, contrastada con su piel negra, requemada, es el aura de una ideología que nadie le inculcó ni le impuso.