Revolucionaria reforma del sistema de pensiones

Ramiro Sacasa Gurdián

La reforma al sistema de pensiones va a generar una revolución social, al devolverle al trabajador el control financiero de la cotización de su cuenta individual de retiro. Por primera vez la agenda social tendrá un lugar prioritario sobre la agenda política, para construir un retiro en el que se conjuguen la justicia social, la libertad económica y la solidaridad. La cotización del trabajador estará directamente vinculada al desarrollo económico y la generación de empleos para el financiamiento de viviendas y proyectos de infraestructura e inversión que promuevan el desarrollo social.

La reforma al sistema de pensiones de Nicaragua está basada en la integración de las mejores experiencias internacionales para asegurar la implementación de una profunda transformación económica y social. Como dijera José Piñera, fundador de la reforma de los sistemas de pensiones en Chile: «la lección final es que las únicas revoluciones con éxito son aquéllas que confían en el individuo y en las maravillas que el individuo puede hacer cuando es libre». El Sistema de Pensiones en Chile ha impulsado una revolución económica acumulando inversiones de 50 mil millones de dólares, o sea el equivalente al 71 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB). Estas inversiones han permitido la adquisición de viviendas para los sectores populares permitiendo que 2 de cada 3 viviendas estén siendo financiadas por los fondos de pensiones.

El nuevo sistema de pensiones impulsará el desarrollo de una sociedad más justa y más humana, ofreciendo un retiro más digno para quienes más contribuyen, especialmente para los trabajadores de bajos ingresos, hombres y mujeres que inician desde edad temprana su actividad laboral. El activo más importante del trabajador ya no será su pequeña casa, su bicicleta o su machete, sino el capital en su cuenta de capitalización individual. El primer objetivo del nuevo sistema será democratizar la cobertura de la seguridad social y ampliarla del 13 por ciento de la población laboral al resto de los trabajadores activos, incluyendo: el sector agrícola, el sector doméstico y los trabajadores independientes. Las inversiones del sistema de capitalización acumularán en Nicaragua cada 10 años entre 750 millones a 1 mil millones de dólares y generará entre 450 mil a 600 mil nuevos empleos, producto de las mismas inversiones de los trabajadores.

Cada trabajador menor de 43 años será dueño del patrimonio de su propia cuenta de retiro y no el Estado. Se establecerán incentivos para la afiliación de los trabajadores independientes, y para los trabajadores de temporada incluyendo medidas para fortalecer la protección social para el retiro de la mujer. Vamos a integrar al sistema de capitalización también a los adultos mayores para que se reintegren a labores productivas, y aunque generen ingresos de su esfuerzo y creatividad, podrán recibir su pensión, sin temor a que el INSS se las cancelará. Además, los mayores de 43 años podrán cotizar voluntariamente a su cuenta individual, aunque permanecerán con la cotización obligatoria en el sistema de reparto del Seguro social. A ellos, se les asegurarán los beneficios definidos del sistema de reparto con actualizaciones periódicas a sus pensiones. Impulsaremos una mayor transparencia con un estado de cuenta de sus aportes, propondremos nuevas modalidades de pago para que el pensionado sea tratado con mayor dignidad, y fiscalizaremos al INSS para asignar los beneficios que le corresponden al retirado.

El segundo objetivo de la reforma será crear una cultura de ahorro con un sistema de pensiones auto financiable y sostenible para el futuro de las próximas generaciones. Con el sistema de capitalización individual, la población activa no subsidiará las pensiones de los jubilados, ya que su cotización será para financiar su propio retiro. Por lo tanto, en contraste con el sistema de reparto, no existe el conflicto inter-generacional y la eventual acumulación de un déficit insostenible del INSS, que será cada día más impagable, en la medida que envejece la población.

Con el nuevo sistema, se acaba de una vez por todas, la politización del sistema de reparto, que pone en riesgo la estabilidad fiscal del país. Esto se manifiesta al otorgar beneficios a los más influyentes obedeciendo a favores institucionales, a la falta de reservas para el pago futuro de las pensiones, a la discrecionalidad de otorgar beneficios no contributivos, y al tomar decisiones de beneficios para ganar votos en las elecciones. Esto no es aceptable que continúe un día más en Nicaragua, ya que estos fondos son de los trabajadores y no de los políticos.

Lo que me ha impulsado en la vida pública ha sido la posibilidad de contribuir a transformar el futuro de los trabajadores, para construir un sistema de pensiones donde se conjuguen la inversión y la justicia social, la honestidad y la transparencia, la libertad económica y la igualdad de oportunidades. Si ahora Nicaragua no emprende, y afirmo ahora y no mañana, una nueva ola de reformas económicas y sociales que lo pongan a la altura de los cambios que mueven al mundo actual, corremos el riesgo, como país, de quedarnos rezagados permanentemente en la pobreza. Ya estamos 50 años detrás de El Salvador y Costa Rica, comencemos a tomar las decisiones para recuperar la prosperidad perdida, en vías de ampliar el mercado de trabajo, incrementar los salarios de los trabajadores y fortalecer estrategias para alcanzar un crecimiento económico sostenido.

Tengo confianza en el futuro porque a pesar de que reconozco las grandes limitaciones que enfrentamos como nación, confío en la capacidad emprendedora y el espíritu innovador de todos los trabajadores nicaragüenses. Confío en Nicaragua, confío en nuestro futuro.

El autor es Superintendente General de Pensiones.

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