Fernando Centeno Chiong
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Los guardianes de nuestro idioma castellano
Fernando Centeno Chiong
Los profesores de las viejas escuelas de periodismo inculcaron en sus alumnos que el periodista no sólo debería ser un informador y orientador de la opinión pública, si no que le correspondía también la difícil tarea de ser “guardianes del idioma”.
Al parecer esta práctica se ha perdido, ya que se observa una reiterada proliferación de errores ortográficos en medios escritos, en titulares, textos, suplementos, revistas, caricaturas, así también, en comunicados y hasta en anuncios publicitarios.
Ya no digamos las barbaridades que se pronuncian a través de emisoras de radio o canales de televisión, donde comúnmente se escuchan aberraciones lingüísticas como: hayga, hubieron, interperie, ofertar, recepcionar, trausente, y otras palabras huérfanas de diccionario, así como también una constante repetición de palabras en los improvisados parlamentos de noveles colegas tanto de radio como de televisión que no se preocupan por mejorar su repertorio de sinónimos, o por lo menos para dedicarle algunos minutos del día a la lectura de periódicos, revista o libros que les permita ampliar su vocabulario.
En este sentido es meritorio reconocer el aporte de maestros como Jorge Eduardo Arellano, Roger Matus Lazo, Inés Izquierdo, Julio Icaza Tijerino (q.e.p.d.) y otros distinguidos estudiosos del idioma que semana a semana nos ayudan a mejorar nuestro lenguaje primitivo.
¿Leerán los estudiantes y periodistas estos artículos que tanto bien les harían en su formación profesional, o apreciarán la importancia del infaltable “mata burro” en las salas de prensa o en los estantes de sus casas u oficinas?
El desarrollo tecnológico si bien es cierto, ha venido a dar saltos cualitativos en el periodismo, también de alguna manera se ha convertido en un obstáculo en la formación ortográfica de los que ejercen este noble oficio por cuanto dejan a la computadora la corrección de errores, sin percatarse que la misma puede confundir una “a” conjunción, con una “ha” del verbo haber y que el error no es percibido por el escritor si no ha profundizado lo suficiente en las elementales reglas de gramática.
Es lamentable leer comunicados, o notas de prensa de divulgaciones de muchas instituciones del Estado con una total incoherencia, falta de sintaxis, errores ortográficos, uso indiscriminado de las mayúsculas y una gran cantidad de errores que desdicen de la calidad de los profesionales que están al frente de las mismas.
Igual ocurre en anuncios de periódicos, rótulos de carretera, mantas, avisos y hasta nombres de establecimientos con errores que ofenden la inteligencia y ponen los pelos de punta a cualquier estudioso o amante de la pureza del idioma.
Ojalá que las escuelas de periodismo retomen la importancia de la gramática, la redacción y todas las derivaciones prácticas de la misma, para que sus egresados no vayan a dar lástima en las salas de redacción o en las empresas públicas o privadas que los acogen en base a una formación que debe incluir además del sinnúmero de materias que atiborran los pénsum universitarios, la imperiosa necesidad de cumplir cabalmente la misión de ser, verdaderos “guardianes del idioma” y no depredadores del mismo.
El autor es periodista y profesor universitario