Doctor Eduardo Alemán S.
Evadir la justicia utilizando supuestos problemas de salud se ha convertido en una práctica común, forma parte del engranaje de corrupción que aflige a la sociedad y afecta al sistema judicial de Nicaragua.
La verdad es que son escasas y siempre evidentes las enfermedades que verdaderamente ameritan que un reo deba permanecer fuera de la cárcel.
La mayoría de los padecimientos crónicos que sufren las personas, incluyendo a los presos por cualquier causa, ameritan cuidados que son sencillos y fáciles de cumplir (reposo, bajar de peso, ejercicios, etc.); además de la aplicación disciplinada de sus medicamentos, recomendaciones que la mayoría de los pacientes no cumplen y ésta es una de las razones por lo que en Estados Unidos sólo el 25 por ciento de los hipertensos se encuentran controlados de su presión y que 1,500 personas a diario mueren en sus oficinas, en las calles y en sus dormitorios.
Por lo tanto la amenaza para la vida cotidiana, igual se corre en la cárcel y lógicamente en nuestra vida diaria nos encontramos sometidos a tensiones, agresiones, estrés y riesgos muchas veces mayores que en condiciones de privación de libertad.
También la mayoría de las recomendaciones que los médicos damos pueden cumplirse en condiciones especiales (salvo contadas excepciones) mucho más aquellos “reos especiales” que gozan de privilegios mayores que le permiten cumplir mejor las recomendaciones y cumplir la toma de sus medicamentos.
Si una enfermedad no fue impedimento para cometer un delito, planificar un robo ejecutar un crimen o vender droga, ¿por qué va a ser un impedimento para presos?
Me pregunto, ¿quién corre más riesgo de morir de un infarto del miocardio: si los angustiados y sufridos padres ancianos de un ciudadano asesinado que van de oficina en oficina clamando justicia o el cruel asesino que aduciendo gastritis, estrés o nerviosismo por la cárcel está a punto de ser liberado amparándose en un dictamen médico amañado?
No se puede seguir utilizando la noble profesión médica como vehículo para la impunidad y los médicos debemos ser fieles a nuestros principios éticos y no permitir que el dinero fácil y los lujos quebranten nuestro juramento que ha hecho de nuestra profesión la más digna, humana y sublime de todas.
Especialista en medicina interna