Juan R. Sánchez Espinoza
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La psicología de los colores
Juan R. Sánchez Espinoza
Se ha demostrado plenamente que el cuerpo físico percibe cualquier impulso o energía cromática y reacciona en consecuencia, aunque se establece el juicio sobre el color, por el efecto que éste produce en las sensaciones.
Los colores influyen sobre el ser humano, y sus efectos intervienen en la vida, creando alegría o tristeza, exaltación o depresión, actividad o pasividad, calor o frío, equilibrio o desequilibrio, orden o desorden, etc. Los colores pueden producir impresiones, sensaciones y reflejos sensoriales de gran importancia, porque cada uno de ellos tiene una vibración determinada en los sentidos y puede actuar como estimulante o perturbador en la emotividad, en la conciencia y en los impulsos y deseos.
El amarillo actúa como estimulante mental y nervioso. El naranja es un excitante emotivo que favorece la digestión. El rojo, que posee una gran potencia calórica, aumenta la tensión muscular y la presión sanguínea. El verde es un sedativo que dilata los capilares y tiene un efecto reductivo de la presión; sus radiaciones calman los dolores neurálgicos y resuelven algunos casos de fatiga nerviosa, insomnio, etc.
El azul tiene sobre la tensión un efecto opuesto al del rojo y es mucho más activo que el verde en el tratamiento de enfermedades mentales y nerviosas. El violeta es un calmante que actúa sobre el corazón y los pulmones y aumenta la resistencia de los tejidos.
La publicidad estudia la potencia psíquica de los colores y aplica ésta como poderoso factor de atracción y seducción y para identificar sus mensajes también utilizaban en la presentación de los productos aquel color que mejor sugiere el carácter y la cualidad de aquéllos.
Los colores son utilizados para la seguridad en el trabajo: el amarillo significa atención; el naranja, alerta; el rojo, peligro; el violeta, energía; el azul, precaución; el verde, paso libre y seguridad, etc.
El grupo de los colores cálidos —rojos, amarillos y amarillos-verdes— produce un efecto alegre, vivo y caliente, siendo, a medida que se acercan al rojo, estimulantes y excitantes; el de los colores fríos —azules, azules-verdes y violetas— es tranquilo, sedante, silencioso y fresco y a medida que se acercan al azul, más fríos y deprimentes. Las luces de color pueden comunicar mucha mayor intensidad y viveza a una superficie que si sobre ésta son aplicadas pinturas o colores materiales para animarla; al mismo tiempo sirven para cambiar las reacciones emotivas que están específicamente relacionadas con cada color.
Los colores tienen, además de su potencia psicofísica, una fuerza simbólica y una relación definida con nuestras actividades y sentimientos.
El amarillo sugiere luz de sol, alegría, acción, oro, arrogancia, voluntad, poder, ciencia, espiritualidad y dinamismo y es también ira, cobardía, envidia e impulso irreflexivo.
El naranja es estímulo, acción y entusiasmo, pero mezclado con negro es engaño, conspiración, sordidez y opresión.
El rojo sugiere calor, fuego, corazón, excitación, actividad, pasión, sangre, fuerza, impulso, peligro y revolución; mezclado con blanco forma el rosa, que significa inocencia y frivolidad. Los rojos también se relacionan con la rabia y la crueldad.
El verde es sinónimo de vegetación, humedad, calma, frescura, esperanza y sugiere primavera, amistad, realidad y equilibrio por su posición entre cálidos y fríos; también es celos, enfermedad cuando se manifiesta en la piel, e inexperiencia o falta de madurez.
El azul designa infinitud, inteligencia, frío, recogimiento, paz, descanso, confianza, liberalismo, seguridad y languidez y el que mayormente expresa la sensación de frío; también puede significar desesperación y nobleza (sangre azul)
El violeta representa aflicción, tristeza, penitencia, misticismo, profundidad y misterio; al ser mezclado con negro, desesperación, deslealtad y miseria.
El púrpura es pompa, realeza, dignidad y suntuosidad; también melancolía y delicadeza.
El blanco significa reposo, limpieza, pureza, inocencia, virtud y castidad; el negro tinieblas, muerte, duelo y destrucción; el gris, resignación y neutralidad, y los pardos, madurez. Los efectos psicológicos de los colores se modifican mucho cuando éstos son mezclados entre sí; la adición los hace más claros y también más fríos.
El autor es docente universitario y consultor metodológico
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