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LOS ÁNGELES.- James Anderson dejó de mirar televisión esta semana porque estaba harto de ver dolientes desfilar ante el ataúd de Ronald Reagan y escuchar los interminables elogios prodigados al 40 Presidente de Estados Unidos.
Las personas negras no asistieron al velatorio, dijo Anderson, de 62 años, mientras desayunaba el jueves en un restaurante del distrito Crenshaw. “Él no se preocupaba mucho por nosotros”, dijo. “Si usted no era rico, o blanco, a él no le interesaba’’.
Para las minorías e inmigrantes, los años de Reagan son una historia complicada y en ocasiones contradictoria que no siempre se narra en los panegíricos y tributos que se escuchan en la televisión nacional.
Especialmente para los negros e inmigrantes centroamericanos, la política de Reagan a nivel nacional e internacional creó profundas divisiones. Para muchos, esa política dejó un legado de insensibilidad racial e inestabilidad en otros países que puso en peligro a millones. Aún así, otros elogian a Reagan por ayudar a poner fin a la Guerra Fría y ordenar en 1986 un programa de amnistía que permitió a millones de indocumentados permanecer en el país.
La historia de Carlos Vaquerano, un inmigrante salvadoreño y director ejecutivo del Fondo Educacional y de Liderazgo Salvadoreño-Estadounidense, refleja los dos lados del legado que dejó Reagan en Estados Unidos y en el extranjero.
Vaquerano dijo que dos de sus hermanos fueron asesinados por escuadrones de la muerte vinculados al ejército salvadoreño durante la década del ochenta. El Gobierno fue respaldado por la Casa Blanca, que temía una insurrección marxista en la nación centroamericana. Unas 70,000 personas murieron en la guerra civil, que concluyó en 1992.
Vaquerano huyó a Estados Unidos y vivió ilegalmente en este país durante seis años, antes de ser beneficiado con la amnistía otorgada por el Gobierno de Reagan, algo que Vaquerano considera “un poco irónico”.
“Reagan era muy anticomunista. Para él, cualquiera que trabajara por la paz y por la justicia y la igualdad de derechos (en El Salvador) era un comunista. Él no hacía distinción alguna, y gran cantidad de personas indefensas sufrieron por esa política”, señaló. “Pero yo respeto a todas esas personas que le están rindiendo homenaje pues creían en él. Yo no”.
El Gobierno de Reagan también respaldó al dictador guatelmateco Efraín Ríos Montt y financió a los contras que con ayuda de la CIA intentaron derrocar al Gobierno sandinista en Nicaragua.
“Él ayudó de esa manera, tratando de frenar la diseminación del comunismo en nuestros países”, dijo Luis Hernández, director de desarrollo económico de la Asociación de Salvadoreños en Los Ángeles. “Pero creo que también hizo gran cantidad de cosas malas. Lo que cuestionábamos eran sus métodos’’.
Para los negros, el legado de Reagan es menos dramático, pero continúa afectado por la desconfianza y la indignación.
Andre DeVant, un especialista en información de 47 años que trabaja en el Centro Médico para Veteranos de Los Ángeles, estaba en sus veinte cuando Reagan era Presidente.
“Lo consideraba un racista’’, dijo. “Cuando había programas en favor de las minorías, siempre reducía o vetaba esos programas. Y gran cantidad de personas creían que nada hizo por frenar el flujo de drogas a las ciudades’’, señaló DeVant, que es negro. “Gran cantidad de drogas inundaron la comunidad negra en esa época’’.
Aún así, otros grupos minoritarios simpatizaron con Reagan, en buena parte gracias al programa de amnistía de 1986. El programa otorgó status legal para miles de indocumentados que habían estado más de cinco años en el país, o que habían realizado labores agrícolas durante 90 días en el año previo.
Grupos hispanos que respaldaron a Reagan realizaron esta semana vigilias en Fresno y Los Ángeles.
ACTIVISTAS MARCHAN
Mientras los restos de Ronald Reagan regresaban de Washington a California para su entierro, activistas centroamericanos realizaron el viernes en San Francisco, California, una marcha de repudio a la política exterior de Reagan, que vincularon con miles de muertes en El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua.
Un centenar de personas alzando cruces de madera pintadas con nombres de personas muertas por escuadrones de la muerte en la década de 1980 marcharon por el Mission District, el barrio hispano de San Francisco, para protestar los elogios tributados a Reagan durante sus exequias.
“Este hombre es un criminal. Este hombre es un asesino y no merece respeto’’, dijo la hondureña Zenaida Velásquez Rodríguez, activista por los derechos humanos cuyo hermano desapareció en 1981, presuntamente secuestrado por fuerzas de seguridad en su país.
Los manifestantes fustigaron a Reagan por apoyar, armar y financiar dictadores anticomunistas, dictadores militares o insurgentes que empleaban la tortura, el secuestro y el asesinato contra sus opositores.