La joven identificada con las iniciales CRL apenas se asoma por la puerta de su casa, con mucho temor por las amenazas de muerte que en su contra vertió una proxeneta guatemalteca. Ella y otra joven, de iniciales SARC, lograron huir de un prostíbulo en Guatemala, hasta donde las llevaron con engaño y las obligaban a prostituirse.

Huyen de la esclavitud sexual en Guatemala

Carlos Martínez Morán Cuatro meses de explotación sexual, de maltratos sicológicos y amenazas de muerte vivieron en un prostíbulo de Guatemala, dos nicaragüenses que llegaron a ese país, con ayuda de una mujer de origen salvadoreño, a quien identificaron únicamente como Paula, quien las llevó con engaños a ese país. Con esa mujer se comunicaron […]

Carlos Martínez Morán

Cuatro meses de explotación sexual, de maltratos sicológicos y amenazas de muerte vivieron en un prostíbulo de Guatemala, dos nicaragüenses que llegaron a ese país, con ayuda de una mujer de origen salvadoreño, a quien identificaron únicamente como Paula, quien las llevó con engaños a ese país.

Con esa mujer se comunicaron por primera vez a finales del año pasado y les ofreció trabajo en Guatemala, con buen salario, comodidades y buen alojamiento, que despertaron muchas ilusiones en ambas muchachas, pero que en poco tiempo se les desvanecieron, pues en virtud de lo convenido, las llevó a un centro de prostitución conocido como Bar California, donde supuestamente las utilizaron como mercancía sexual y las obligaron a laborar hasta altas horas de la noche, recibiendo a cambio sólo maltratos psicológicos y amenazas de muerte.

Una de las afectadas, de iniciales SARC, de 28 años, explicó que el Bar California está ubicado en el barrio Milagros, en el municipio de Chiquimulía, en el departamento de Santa Rosa.

Ella y una amiga, partieron hacia Guatemala en febrero de este año, sin estar claras del lugar donde trabajarían, pero decidieron aceptar porque pensaron resolver de esa manera sus problemas económicos.

“Cuando llegamos allá y nos llevó al Bar California, supimos inmediatamente del tipo de negocio que ofrecía, y aunque no nos gustó para nada, decidimos quedarnos porque la señora nos ofreció buena paga. Pero todo fue una mentira porque a pesar que nos esforzábamos por satisfacer mayor cantidad de clientes, a veces hasta quince en el día, nunca nos dio un centavo y todo se lo robaba. Ella siempre decía que nadie le podía decir nada y nos maltrataba, nos amenazaba de muerte y si por alguna enfermedad nosotras no podíamos acostarnos con algún hombre, nos multaba con 500 quetzales y a la fuerza hacía que tuviéramos relaciones sexuales”, relató la joven.

BAJO VIGILANCIA PERMANENTE

Las perjudicadas relataron que durante el tiempo que permanecieron en ese prostíbulo, estuvieron siempre bajo la vigilancia de personas contratadas por la dueña del negocio, y cuando alguien lograba salir de ese lugar era perseguido por efectivos policiales, pagados por la misma dueña. “A algunas las matan y luego le echan la culpa a las maras. A otras las golpean y dejan mal muertas”, dijo SARC con evidente nerviosismo.

Según ella, en el barrio Milagros hay alrededor de siete centros de prostitución, entre ellos El Gato Negro y El Garibaldi, donde igualmente esclavizan y explotan sexualmente a las mujeres.

Pero a pesar de todas las adversidades, las dos muchachas un día lograron convencer a su patrona y regresaron a Nicaragua el 24 de mayo. Le dijeron que vendrían a buscar más jovencitas para que trabajaran en el negocio y que aprovecharían la gira para encontrarse con sus familiares. “Ella nos encargó sólo muchachas de 18 años y preferiblemente negritas o costeñitas. No importa la cantidad, traigan las que puedan”.

Antes de dejarlas salir, les dijo que ella misma se encargaría de venirlas a traer y que no intentaran engañarla porque ella es una persona muy mala, con muchos conectes en Nicaragua y con capacidad económica para mandarlas a matar cuando ella así lo decidiera.

Por esa razón las jóvenes dijeron sentirse temerosas, y describieron a la dueña del negocio como una mujer de unos 38 años, de tez blanca, ojos amarillos, cabellos teñidos y de mediana estatura.

TEMEN SER ASESINADAS

El caso fue denunciado en la Policía del Distrito Dos, pero la angustia de ambas mujeres sigue igual, porque a pesar de haber enterado a las autoridades de este hecho, se sienten desprotegidas y con miedo de que Paula aparezca en cualquier momento y al enterarse del engaño, cumpla sus amenazas de muerte.

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