Innovación e investigación

Iván Marín

Sobre el humano cimiento rueda el pensamiento, nos enseñó Rubén Darío. La conexión de esta reflexión con la permanente curiosidad y astucia transformadora del nicaragüense debería ir acompañada de una permanente explosión de habilidades y destrezas transformadoras. Con la intención de materializar dicho talante propongo una aisukanka nacional del ingenio, palabra que en miskito es utilizada para representar la muda de piel en ciertos animales. Muda que logrará la actualización sistémica de nuestros conocimientos además de permitirnos reflexionar sobre lo que hemos dejado de percibir al dejar huérfana nuestra creatividad. Consecuentemente, los nicaragüenses debemos aprender a confrontar nuestras ideas para gestionar un espacio de debate que permita acortar la distancia y el tiempo entre la concepción del pensamiento y el nacimiento de la innovación. Veamos la innovación como una especie de retiro individual a la meditación in factum, que significa buscar la forma de potencializar nuestras habilidades e ingenio siendo estos recursos los únicos que se entierran con nosotros.

Detengámonos por un momento a ver retrospectivamente la película de nuestro sistema educativo, basado fundamentalmente en la capacidad repetitiva del individuo y no en el desarrollo de la capacidad transformadora. El alumno mejor evaluado es aquel que mejor recita lo que dice el maestro. Es evidente que debemos construir una nueva práctica educativa en donde encima de todas las cosas, sea priorizada la creatividad sobre la memorización. Hoy nos enteramos de la imperante necesidad de sacudirnos de los obsoletos e inapropiados hábitos de formación, de los que en algún momento hemos sido víctimas o aún peor, reproductores del sistema.

Racionalmente deducimos que debemos estar abiertos al cambio y evitar la inamovilidad. El espíritu de innovación es dinámico, amorfo y volátil. Por homología, al igual que la fertilización representa vida, la innovación es el parto de nuestras ideas. La innovación requiere de imaginación y creatividad, que es representar lo que nunca hemos visto y plasmarlo en un arte, producto o método. Debemos entender que la vocación por la innovación y la investigación es una actividad independiente del receso. No dejemos que la rutina diaria ahogue nuestras pasiones transformadoras. Otro elemento que no debe escapar a la discusión es que bajo ninguna circunstancia entendamos por finalizado o concluido un producto. La innovación es un proceso, no entiende de plazos y horario.

En otro orden, es necesario vencer el espíritu de desconfianza y divorcio institucional entre la empresa privada-Estado-academia. Tenemos la suficiente capacidad para armonizar nuestras relaciones y esfuerzos, que no nos agobien los celos. Si bien es cierto que los generadores de innovación e investigación deben de buscar la autosostenibilidad financiera, simultáneamente la empresa privada debe asumir la voluntad de que el intelecto también es sujeto de crédito, asumiendo los mismos riesgos que se le atribuye a cualquier actividad comercial.

La diversidad de necesidades en nuestra realidad nos reta a proponer salidas alternativas, la crisis energética es tan sólo una de ellas. Recordemos que es mucho más barato desarrollar nuestra propia tecnología que importarla. Con el surgir de nuestros cálidos días, al levantarnos y sentarnos en el borde de nuestras camas, prestémosle cinco segundos al tiempo para reflexionar sobre qué ingenio puedo proponerle el día de hoy a Nicaragua.

El autor es director de investigación de la UCA.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí