Los medios en el ojo de los universitarios

Cristiana Chamorro [email protected]

En un coloquio, la Universidad Thomas Moore y sus estudiantes levantaron una bandera “en defensa del lector, el televidente y el radioescucha” la semana pasada. Sus autoridades organizaron el foro para enseñarle a la juventud a tener una visión crítica de la información que a diario reciben.

La iniciativa universitaria obliga de entrada a preguntarse: ¿qué es lo que anda mal en la prensa nacional para que otras instituciones, en este caso académicas, comiencen a ocuparse de ella y ofrezcan sus servicios de abogados oficiosos “en la defensa” de los usuarios de los medios de comunicación?

Asistí al coloquio con la seguridad de que los sondeos de opinión tienen colocada a la prensa nicaragüense en la cima de la credibilidad institucional, un valor del periodismo que se asocia con calidad y se logra cuando la institución proyecta tres características: honestidad, competencia y dinamismo.

Sin embargo, los estudiantes convocados para analizar el tema no se detienen con ningún respeto ante esa distinción que las encuestas le dan al periodismo. Por el contrario, cuestionan profundamente su utilidad práctica y, con ejemplos en la mano, expresan insatisfacción con la oferta informativa y el no verse reflejados, sino subvalorados en sus intereses que dicen van más allá del entretenimiento y el sensacionalismo.

Encontré a estos jóvenes universitarios sentados en el vértice del triángulo, conscientes que los otros dos lados son la búsqueda de calidad y los deseos del mercado, dos ángulos más que toma en cuenta la producción de la información.

El primero, el de la calidad más ligado a las luces que enciende el ejercicio ético de la libertad de expresión, derecho al que corresponde una responsabilidad como protección a la misma libertad y a la propia credibilidad de los medios, su principal capital.

El segundo ángulo tiene que ver con las sombras que produce el mercado, cuando por encima del bien común se impone la autosatisfacción comercial o la obsesión por el primer lugar en el “rating”. La fuerza de una buena pauta publicitaria es una meta deseable, mientras ésta no se traduzca en un sentimiento de superioridad el cual propicia distanciamiento, desconfianza y percepción de un desvío del interés público.

La propuesta de la Thomas Moore a poner el tema de los medios en la agenda pública, sin duda es una respuesta a ese tipo de percepciones que ya circulan en el ambiente. Y es también un anuncio de cambios de escenario en un futuro próximo.

Confirma que en Nicaragua, al igual que en otros países, están quedando atrás los tiempos en que los medios vigilaban el poder y la sociedad, pero no eran vigilados. La autoridad con que los estudiantes de la Thomas Moore tomaron la palabra sobre el “cuarto poder” revela que estamos asistiendo a la gestación lenta de un parto seguro del “quinto poder”.

Una especie de rebelión del público frente al poder de la palabra que en Nicaragua se consolidó en la década del noventa con dos logros importantes. Primero, con la victoria de la libertad de expresión y, en segundo lugar, con el surgimiento de una generación de periodistas que supieron llenar el vacío institucional y ponerse en la primera fila de las transformaciones democráticas.

El coloquio de la Thomas Moore no es el primero sobre el tema, pero es otro llamado más de urgencia a los periodistas a darle la palabra a los ciudadanos sobre los medios de comunicación, a proponer sistemas de autorregulación democrática, a educar a la ciudadanía en sus derechos comunicativos y promover el debate sobre el rol de la prensa en la sociedad, en la cultura y en la vida ética del país.

El desencanto expreso de los estudiantes con los modos y formas que según ellos hacen los medios de la representación de la realidad, merece mayor atención del periodismo para no perder vigencia y evitar que al margen de los medios otros grupos de presión se sientan tentados a venir a regular la libertad de expresión e información.

Está bien que los estudiantes, los académicos y sectores de la sociedad civil, en foros como el de la Thomas Moore, se adelanten a los periodistas en la defensa de sus usuarios y se ocupen de los medios como algo propio. Sin embargo, es preocupante que concluyan señalando que la riqueza informativa de hoy no contribuye a la solución de sus problemas y tampoco los nacionales.

Contradictoriamente, pareciera que la abundancia de la información les promueve un sentimiento de impotencia y de temor al creciente poder de la prensa nacional. Cuando el miedo a la libertad de otros comienza a ser un sustituto del respeto que ésta merece, algo comienza a andar mal en la prensa nacional.

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