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El mal está en la raíz
La manifestación pacífica que realizó el Consejo Nacional de Universidades (CNU), el jueves de la semana pasada, demostró que se puede hacer protestas públicas sin necesidad de usar morteros y ninguna otra clase de armas, y sin agredir a las personas particulares ni a los policías que tratan de cumplir con su deber de mantener el orden público y garantizar el libre tránsito y la normal actividad productiva y comercial.
Al parecer la muerte del policía Róger Rodríguez como consecuencia del morterazo que le disparó un activista universitario —y la indignación de la opinión pública que motivó este hecho criminal—, influyó para que los universitarios abandonaran el recurso de la violencia, al menos por ahora. Y ojalá que este cambio fuera definitivo para que nunca más los universitarios vuelvan a marchar con morterazos ni a matar ni herir a nadie, ni tampoco a poner sus propios muertos y heridos que resultan de los choques con la Policía.
Por otro lado, a pesar de que en sus declaraciones a LA PRENSA, publicadas el domingo 30 de mayo, el líder de los estudiantes del CNU, Jasser Martínez, defendió el uso de los morteros y de la violencia, sin embargo demostró que su posición es muy débil e injustificable, máxime que su propia presencia en la universidad es una prueba del uso inadecuado de los fondos del 6 por ciento.
En realidad, ¿cómo es posible que alguien que ya se graduó gracias a los recursos del 6 por ciento, en vez de ir a trabajar para ganarse la vida y para pagar impuestos al Estado que lo benefició con los tributos de la población trabajadora y productora, más bien continúa en la universidad estudiando otra carrera a expensas del seis por ciento, y sigue viviendo del Presupuesto de la nación? ¿Y acaso no es charanga usar los recursos del 6 por ciento para financiar las manifestaciones y la adquisición de morteros y otros “instrumentos de lucha”? Y, ¿cuántos funcionarios gremiales de las universidades son en realidad activistas del FSLN pagados con el 6 por ciento?
Lo cierto es que el conflicto por el 6 por ciento sólo se podría resolver yendo al quid del problema. Inclusive algunos rectores del CNU que el jueves de la semana pasada visitaron al Consejo Editorial de LA PRENSA, así lo admitieron. Y la raíz de este mal del 6 por ciento, como lo hemos argumentado en otras ocasiones, está en que fue una decisión que se tomó sin considerar las verdaderas necesidades y prioridades educativas del país, ni se basó en un cálculo balanceado del financiamiento que se requiere para cada subsistema de la educación nacional. Por el contrario, fue una imposición arbitraria y descabellada del FSLN después que perdió las elecciones del 25 de febrero de 1990.
En efecto, mediante la Ley 89 el FSLN no sólo restableció la autonomía universitaria que su mismo régimen autoritario había suprimido en 1979, sino que también aprobó el desmesurado porcentaje del 6 por ciento—que en 1995 fue elevado a rango constitucional—, a fin de crear un feudo político en el ámbito universitario y para absorber la numerosa burocracia partidista que salió de las planillas del Estado al terminar el gobierno sandinista.
La disposición del 6 por ciento ni siquiera se le consultó a quienes acababan de ganar las elecciones del 25 de febrero de 1990, a pesar de la trascendencia de semejante medida y de su impacto en la política presupuestaria de la nación. Por lo tanto, era inevitable que causara los conflictos que en efecto ha provocado desde 1990 hasta ahora.
De manera que este problema sólo se podría resolver yendo a su raíz, es decir, mediante un acuerdo nacional sobre el financiamiento presupuestario para la educación en general y sobre las partes que le correspondan racionalmente a cada subsistema educativo. Pero de inmediato las fuerzas políticas de la Asamblea Nacional, el Gobierno y el CNU deberían acordar y aprobar una reforma de la Ley 89 que determine la apropiada base de cálculo del 6 por ciento.
No cabe duda de que el conflicto por el 6 por ciento puede resolverse de manera institucional y pacífica. Lo que hace falta es voluntad para hacerlo.