Educación

William Morales Anduray* El Editorial “La inversión educativa” (LA PRENSA, 28 de mayo de 2004), señala uno de los problemas más serios que enfrentará Nicaragua a muy corto plazo, cuando tenga que competir en los mercados internacionales en esquemas de libre comercio y sus recursos humanos no llenen los requerimientos para ese nivel de competencia. […]

William Morales Anduray*

El Editorial “La inversión educativa” (LA PRENSA, 28 de mayo de 2004), señala uno de los problemas más serios que enfrentará Nicaragua a muy corto plazo, cuando tenga que competir en los mercados internacionales en esquemas de libre comercio y sus recursos humanos no llenen los requerimientos para ese nivel de competencia.

Es muy cierto que la educación universitaria será la plataforma desde donde la actividad económica seleccionará a los estudiantes más calificados para incorporarlos a la intensa batalla del libre mercado. Por eso, un presupuesto adecuado y más aún, un uso eficiente de esos recursos de parte de la universidad pública es absolutamente necesario para que la preparación de nuestros futuros profesionales responda a la demanda del mercado laboral.

Sin embargo, el problema no es tan sencillo como asignarle incluso el 10 por ciento del presupuesto nacional a las universidades. El verdadero problema está en que los alumnos que ingresan a estos centros de estudios no tienen una preparación adecuada que les permita alcanzar las competencias que dice o pretende desarrollar la universidad, debido a que la educación básica e intermedia está por el suelo.

Por eso de nada sirve mejorar la educación universitaria, si los alumnos que ingresarán no tienen la preparación adecuada, de tal manera que es poner dinero en saco roto. El problema del presupuesto a la universidad debe verse desde una perspectiva más amplia, tomando como eje fundamental el recurso humano que desesperadamente demanda el país y que puede estar en estos momentos en preescolar, en primaria, en secundaria, en la escuela técnica o en la universidad, y los recursos que debe destinar el Estado para su formación no deben asignarse de acuerdo al “galillo” del estudiante o de su capacidad para manejar un mortero.

* Profesor

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