César A. Bravo V.
El término moral en Nicaragua es tan sólo un punto de referencia muy distante. Cada vez se hace más difícil encontrar líderes —religiosos y políticos— con el suficiente poder moral para señalar o cuestionar el proceder de alguien o algo. En este país, donde ni siquiera la Iglesia escapa a esta realidad, se hace cada vez más necesaria la presencia de una conciencia moral más limpia, capaz de señalar los desaciertos del funcionario público, capaz de conducir a la sociedad por mejores senderos. Por ahora esta responsabilidad sólo descansa en algunos medios de comunicación.
En la política se dice que las verdades son calumnias y en ese sentido los políticos no han hecho otra cosa que calumniarse unos a otros. Así, por ejemplo, Arnoldo Alemán resultó ser igual o peor, en materia de corrupción, que el régimen del Frente Sandinista al que tanto criticó. Irónicamente el padre de la piñata, el comandante Ortega, ha atacado fuertemente la corrupción, y para llegar al colmo del asunto, el máximo representante de la honradez y de los megasalarios, el presidente Bolaños, tenía su propia “huaquita” electoral bien escondidita.
El arte de señala sin estar libre de culpa es una epidemia que se ha expandido así a todas las latitudes y hasta los límites más lejanos de nuestras fronteras, contagiando desde los sectores más humildes hasta los más encumbrados. En Santo Tomás, Chontales, desde hace algún tiempo se han vendido sintiendo los efectos de este fenómeno. La esposa del diputado y candidata a la Alcaldía por el PLC ha lanzado un feroz ataque contra sus contendores demócratas a los que además de señalarlos de antiarnoldistas los tilda de corruptos.
Si bien es cierto que los nicaragüenses olvidamos rápido, los casos de corrupción aún están frescos en nuestras memorias. El PLC debería, más que ningún otro partido, omitir los señalamientos de corrupción pues pesa sobre éste los escándalos de corrupción más penosos que hayan asombrado a los nicaragüenses en los últimos diez años. Para recordar unos pocos puedo enumerar que existen algunos diputados que mantienen a sus amantes judiciales con becas de estudiantes, que los principales beneficiarios de estas becas son sus familiares más cercanos, que la lista completa de los casi ochocientos beneficiarios en las “notas de crédito” jamás fue revelada en su totalidad por hallarse presuntamente implicados familiares del actual Presidente de la República y algunos clérigos.
Sólo los débiles construyen murallas, y en mi humilde opinión no creo que las murallas de todos aquellos funcionarios supuestamente corruptos, deban descansar sobre sus propios errores, errores que tanto ven en los demás pero que son incapaces de aceptar en ellos mismos.
La libertad no es un derecho que se debe tomar a la ligera. Conducirse con libertad y responsabilidad jamás ha sido tarea fácil. De todas las libertades la más importante es la libertad interior, y a menudo es la más difícil de conseguir. Cuántas personas sucumben presas de sus propias ambiciones. El camino que mejor conduce a la libertad interior es la moral, y cuando no se tiene ética en el comportamiento tampoco se tiene moral para señalar.
Algunos militantes del PLC aún no nos hemos enterado que sólo la fama de asesinos nos hace falta para igualar o superar al Frente Sandinista.
* El autor es liberal del PLC en Chontales
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