Orlando N. Bonilla
En los últimos meses, y aún mas en los últimos días, hemos visto con justificada preocupación las vertiginosas alzas en los precios del combustible que conlleva un aumento de precios generalizados en los productos de consumo básico, ya que toda nuestra producción y comercio está íntimamente ligado a los precios del petróleo internacional.
Irónicamente en Nicaragua nuestras fuentes de energía provienen de plantas generadoras basadas mayoritariamente en el petróleo. Digo irónicamente porque nuestro país el cual es rico en fuentes hídricas y volcánicas, sólo el 20 por ciento de la energía es generada por medios hidroeléctricos y geotérmicos, siendo el 80 por ciento de fuentes térmicas a base de petróleo, las cuales encarecen los costos de generación y están sujetos a los vaivenes de los precios internacionales de este rubro.
Los dirigentes de las políticas energéticas de los últimos veinte y cinco años no han podido solventar esta situación de desbalance en las modalidades de generación, ya que no se ha hecho un esfuerzo mayor desde las décadas del sesenta y setenta cuando se construyeron las plantas hidroeléctricas de mayor envergadura que ahora tenemos, que lamentablemente ahora son viejas y necesitan ser continuamente reparadas. En los últimos años se ha tratado de solventar esta situación con medidas de emergencia a corto y mediano plazo, adquiriendo e instalando pequeñas plantas térmicas, que si bien es cierto resuelven la estrechez energética de inmediato, vienen aún más a ahondar los problemas causados por las alzas petroleras que actualmente estamos sufriendo.
Nicaragua es un país de lagos, ríos y volcanes, que para efectos de energía eléctrica no han sido aprovechados adecuadamente. No todos estos recursos son aptos para generar energía, sin embargo existe un gran potencial en ellos y a la fecha han sido desperdiciados. Las generaciones por medio geotérmico, hidroeléctrico y eólico, aunque significan altos costos iniciales de construcción, sus costos de producción a largo plazo son económicamente más beneficiosos para el país. La modalidad eólica es incipiente y su potencial de generación es menor, pero hay que verla como un complemento de las otras. La modalidad geotérmica es de mayor potencial y hay que situarla como una modalidad importante, ya que ésta puede generar una energía substancial para surtir energía mas barata y estable para el país. Considero que la construcción que actualmente se está llevando a cabo de un proyecto de este tipo, San Jacinto-Tizate, será de mucho beneficio para nuestro futuro energético.
Sin embargo donde existen los mayores recursos de generación es en las fuentes hídricas y por lo tanto debemos aunar esfuerzos en los proyectos hidroeléctricos. Debemos de planificar a largo plazo y dedicar mas atención a los proyectos de gran envergadura que puedan resolver nuestros problemas energéticos a largo plazo y usar las fuentes principalmente al norte del país, como el Río Grande de Matagalpa y sus afluentes, donde sus caudales son aptos para este tipo de proyectos. Tengo entendido que existe un estudio del Proyecto Hidroeléctrico Copalar, el cual de acuerdo a los técnicos nacionales e internacionales podría solventar en gran medida a mediano-largo plazo la crisis que actualmente enfrentamos y que no dudo se dará por muchos años más.
Tenemos que atraer al inversionista extranjero para interesarlos en estos proyectos, ya que son costosos y al mismo tiempo facilitarles nuestro apoyo para que lleven a cabo los mismos, todo sin llegar a acuerdos onerosos a nuestros intereses económicos y ecológicos. No podemos fortalecernos económica y socialmente sin la energía necesaria y sobre todo al bajo costo que puede significar la generación de esta energía renovable.
El autor es administrador de empresas y consultor en negocios internacionales.