Michael J. Bolaños Davis*
Las reincidencias estacionales e imprevistas de protestas estudiantiles universitarias que vivimos en Nicaragua, parecen imposibles de solucionar. Tal como la entrada y salida del invierno, año a año vemos cómo los estudiantes universitarios, dirigidos por el CNU y el FSLN, reclaman un 6 por ciento del presupuesto nacional acomodado a la imperiosa necesidad política de mantener en zozobra la estabilidad del país.
El fondo del problema es la forma en que se ha dispuesto la exigencia del 6 por ciento que el Gobierno debe entregar al CNU, donde la base del cálculo se mantiene sujeto a interpretaciones antojadizas, sin responsabilidad alguna por parte de las autoridades universitarias. Como tal, parece imposible resolverlo y llegar a un entendimiento firme sobre el mismo.
Es necesario un replanteamiento sobre el propósito del presupuesto nacional para los estudios universitarios, eliminando que el mismo siga considerándose un subsidio a las instituciones y transformándolo en un fondo becario para los verdaderos estudiantes.
La Asamblea Nacional debe legislar al respecto. Las siguientes son algunas consideraciones que podrían ser tomadas en cuenta para iniciar un proceso de entendimiento nacional:
1. ¿El 6 por ciento es para el CNU y las universidades o es para los estudiantes? ¿cuál es el rol del CNU?
2. Si es para los estudiantes, entonces cada alumno que por primera vez ingresa a la universidad debe poder recibir una beca estimada en un valor anual, que se le cancelaría a la universidad de su selección, sujeto a que el estudiante mantenga un nivel académico mínimo aceptable y que sea estudiante de tiempo completo, en forma continua, durante los cuatro o cinco años que se requieren para su carrera. Sería como un fondo que cada bachiller tiene a su alcance para poder estudiar en la universidad de su selección.
3. Todo estudiante que al finalizar su carrera universitaria exitosamente, con un promedio mínimo, podría optar a continuar sus estudios de postgrado y para ello deberá registrarse y calificar para la beca. La beca se mantiene siempre y cuando cumpla con los requisitos mínimos de logro académico y solamente por el tiempo establecido para el postgrado.
4. Las universidades, como institución, podrán optar a fondos del 6 por ciento para programas de investigación y tecnología, como fondos complementarios a cualquier donación que reciban para igual programa, siempre que presenten los estudios de factibilidad correspondientes en competencia con otras universidades y programas. Cada programa deberá ser por tiempo definido y contener resultados a lograr que sean comprobables. Los resultados de dichos programas deberán ser de dominio público y durante la vida del programa toda información deberá ser desplegada por Internet.
5. Podría disponerse de un fondo de excelencia, para premios por mejor rendimiento académico, mejor monografía, mejor proyecto concluido, etc., que recibiría el o los estudiantes ganadores. Podrían desarrollarse disertaciones públicas, ante jurados calificados, para premiar a los mejores graduandos en cada año escolar.
Lo que se debe procurar es la excelencia en el sistema educativo y que las universidades vivan el propósito de su misión. Debemos abandonar los esquemas de subsidio a la ineficiencia y falta de efectividad, donde se premia a una institución por su afiliación política y el manejo de estudiantes para crear inestabilidad cuando una agrupación lo comanda. Nicaragua necesita profesionales calificados y no residentes eternos universitarios que dicen ser estudiantes de profesión. Nicaragua necesita que los estudiantes se dediquen a aprender y no a ser subsidiados como activistas políticos.
Estoy seguro que, dada la oportunidad y el apoyo, los verdaderos estudiantes empezarían a asumir el liderazgo y los parásitos del presupuesto se verían obligados a estudiar o abandonar la universidad.
* El autor es administrador de empresas.
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