Torrijos, bajo el manto de su padre

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Torrijos, bajo el manto de su padre





Es frecuente en América Latina que la vocación política sea un rasgo familiar que se transmite. El caso de Panamá es un ejemplo. Al ser electo con amplia mayoría Martín Torrijos, hijo del fallecido Omar Torrijos, quien gobernó a su país como dictador durante diez años consecutivos (1968-1978), después de dar un golpe de Estado a Arnulfo Arias (1968) un errático, aunque carismático presidente, tres veces electo y otras tantas derrocado.

El punto más alto de popularidad lo obtuvo Omar Torrijos cuando negoció exitosamente con el presidente Jimmy Carter, en 1977, la devolución a su país del Canal, éste había sido construido por EE.UU. y puesto en operación en agosto de 1917, después que Teodoro Roosevelt en una acción militar arrebató ese territorio a Colombia en 1913, con la complicidad del aventurero Pina Bariñas.

Un año después, el 15 de agosto de 1914 fue abierto al tráfico marítimo internacional, bajo administración y protección de Estados Unidos por noventa años consecutivos. Al recuperarlo quedó satisfecho el nacionalismo panameño, aunque perdió mucho dinero al faltarle lo que gastaban en el país los miles de marinos norteamericanos que fueron retirados. No obstante, lo más significativo de la recuperación (diciembre 1999) es que la autoridad del Canal de Panamá, un ente autónomo, ha administrado el Canal con mucho profesionalismo e independencia, aportando ganancias anuales significativas, fuera de los miles de empleos que demanda su manejo y el lucrativo turismo que atrae anualmente a miles de visitantes.

Aplacados los resentimientos panameños con los gobiernos estadounidenses, lo que le espera al joven Torrijos es una serie de retos, difíciles de afrontar. El primero es adecuar la vía interoceánica a las nuevas exigencias del tráfico marítimo internacional. En realidad el Canal y sus esclusas fueron planeados para barcos con un ancho no mayor de 106 pies (32 metros) y una longitud no más allá de 955 pies. Ahora los astilleros asiáticos están armando enormes “leviatanes” que miden 150 pies de ancho y 1,500 pies de largo, lo que les hace imposible pasar por las esclusas de menores dimensiones. Para Panamá este desajuste es un problema grave porque de no hacer las reformas necesarias perdería el paso de esos gigantes que la empresa japonesa Mitsu ya puso en operación.

La solución que dan los expertos es construir un tercer juego de esclusas, cuyo costo es de ocho billones de dólares, además de la falta de volumen de aguas para operar las nuevas esclusas. Éste es un proyecto que deberá presentar Torrijos en un referéndum.

El segundo desafío que aguarda a Martín Torrijos es aplacar al menos la corrupción (“el juego vivo”), como le llaman en el país, que le deja el régimen anterior. En efecto, al gobierno de la señora Moscoso se le ha acusado de “cañonear” a diputados para que elijan magistrados proclives a exonerar de impuestos a poderosas agencias aduaneras; lo mismo que usar fondos discrecionales para financiar la campaña del que fue candidato favorito del Gobierno, José Miguel Alemán, del Partido Visión de País, un asunto que deberá ventilarse próximamente en los tribunales de justicia.

El tercer problema que le espera es disminuir el alto desempleo y la consecuente pobreza del 40 por ciento. Respecto a proseguir la investigación sobre la misteriosa muerte de su padre, el general Omar Torrijos, no hay seguridad. Cuando dictador éste asumió conjuntamente la jefatura de Estado, del Ejército y la Policía y apoyó una Constitución de corte nacionalista, partidario de la vía militar hacia el socialismo, en esa línea estableció relaciones con Cuba y con el régimen peruano de Velasco Alvarado, pero al fracasar éste rectificó y buscó una alianza con México, Colombia y Venezuela.

En todo caso, si el joven Torrijos, de pocos antecedentes que contar, excepto que está cobijado con el manto de su padre, logra acometer ese megaproyecto de remodelar el Canal y bajar la corrupción y miseria, podría cumplir con su discurso de campaña “no hay excusas para un Panamá pobre, pues tenemos un país con recursos abundantes y una posición geográfica privilegiada”.

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