Los medios, la niñez y la violación a sus derechos

Mario Chamorro [email protected]

El recién pasado 28 de abril los medios de comunicación nacionales publicaron la acusación de una adolescente contra su padre por el delito de violación. En ese aspecto los medios cumplieron su papel de informar y alertar a la población para que actos tan bochornosos como éste no se repitan.

En su tarea de promoción de los derechos de la niñez y la adolescencia, Dos Generaciones desea aportar al periodismo nacional elementos de reflexión sobre la responsabilidad social de proteger a las niñas, niños y adolescentes que han sido obligados a vivir situaciones de violencia sexual.

El abuso sexual genera consecuencias en quienes lo han vivido; incide en su vida escolar, familiar y social. El daño es de una permanencia y profundidad impredecibles y muchas veces irreversibles.

El poder y la credibilidad de que gozan los medios entre la población puede lograr, a medio plazo, que la comisión de esos delitos disminuya. Lo malo es que, salvo un mínimo avance, muchas veces los medios faltan a la ética e irrespetan el marco jurídico nacional y el internacional cuando publican datos que identifican a los sobrevivientes de estos delitos, tales como fotografía, iniciales, direcciones, o cualquier señal de ellos, sus familiares o sus victimarios.

Pero la responsabilidad no radica sólo en los medios. Debe ser compartida entre todos los actores sociales involucrados en la administración de justicia, la información, la educación, la salud, etc. para mantener un marco ético que proteja de la revictimización a quienquiera que haya sufrido violencia sexual. El Código de la Niñez establece que el interés superior de la niñez y la adolescencia debe ser la guía de comportamiento de los actores sociales para favorecer el desarrollo psicológico, físico, cultural, ético y social.

En la noticia citada estamos frente a una situación violatoria de la integridad física, psicológica y sexual de una adolescente ante quien nuestra responsabilidad como ciudadanos, incluidos los comunicadores sociales, es demostrar una actitud de respeto. Cuando la comunidad y los medios comienzan a señalar a las niñas o niños como los culpables, y se les etiqueta de “violados”, se duda de su palabra, se generan en las niñas y niños sentimientos de culpa, vergüenza y desvalorización.

El papel que la sociedad asuma ante situaciones como ésta, y la valoración que haga del hecho pueden llegar a incidir de forma negativa o positiva en la recuperación emocional. Pero particularmente no hay que obviar que parte del rol de los medios es informar, educar, orientar y también proponer opciones de solución y prevención.

De ahí nuestra propuesta de abordar situaciones de violencia con un enfoque de derechos, que la información no se quede en la simple narración de los hechos. Más que el propósito de generar impacto social se debe informar con fidelidad, recurrir a diversas fuentes y especialistas que aporten criterios calificados para aclarar y orientar sobre la problemática, su dinámica y características.

Hace falta mostrar una actitud de respeto hacia niñas, niños y adolescentes y respetarlos como sujetos de información, tomando en consideración los efectos que para ellas/os y su familia genera el abordaje sensacionalista y estigmatizador. Hay que propiciar una actitud crítica, de reflexión y cuestionamiento en la población sobre situaciones violatorias de los derechos humanos.

El autor es director ejecutivo del Centro Dos Generaciones.

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