Por una nueva ética empresarial

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Por una nueva ética empresarial





Los empresarios privados ya no se limitan a exigir que los poderes públicos funcionen de manera transparente y ética, sino que ellos mismos predican con el ejemplo o se esfuerzan por hacerlo.

En todos los países en los que impera la economía de mercado los empresarios están asumiendo compromisos para garantizar un juego limpio con los consumidores, buen trato a su personal, preservación del medio ambiente y mayor integración en acciones sociales. Inclusive en Nicaragua los empresarios se están insertando en la nueva onda de ética empresarial, que es indispensable para tener respetabilidad y lograr la competitividad que se requiere en esta época de impetuoso desarrollo de los ineludibles procesos de globalización.

La semana anterior, unos 700 empresarios nacionales y representantes de empresas multinacionales “asumieron la Guía de Ética Empresarial, propuesta por las principales organizaciones empresariales, con la que prometen garantizar la honestidad comercial para neutralizar los sobornos, contrabando, nepotismo, lavado de dinero y hasta terrorismo, a nivel local”, tal como informó LA PRENSA el viernes 30 de abril recién pasado.

Con esta iniciativa, de la que forman parte las 11 cámaras del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) y las 150 empresas de la Cámara Americana Nicaragüense de Comercio (Amcham), se pretende demostrar que no sólo en los países desarrollados es posible la aplicación de los principios éticos en los negocios, sino también en países atrasados como Nicaragua donde hay una arraigada cultura de corrupción que impregna a toda la sociedad.

La ética es la nueva bandera de la sociedad, la economía y la actividad empresarial. Se acabaron los tiempos en que se creía que la única razón de la existencia de los empresarios y del funcionamiento de las empresas privadas era el afán de lucro, la búsqueda de obtener beneficios del modo que fuera.

También se ha superado ya en los países desarrollados, y se está comenzando a superar en las demás naciones con economía de mercado, la etapa de la filantropía empresarial, de las fundaciones sociales financiadas por el sector privado y de las simples donaciones a obras benéficas. Las fundaciones y las donaciones para beneficencia social siguen funcionando, pero la empresa privada está yendo más adelante, a la fase llamada de la “ciudadanía corporativa” o sea el comportamiento institucional de las empresas igual que el de un ciudadano ejemplar. Y los escándalos de corrupción ocurridos en gigantescas empresas multinacionales como Enron de Estados Unidos y Parmalat de Italia, que fueron denunciados vigorosamente por los mismos empresarios en vez de disimularlos como se solía hacer antaño, han servido de acicate para impulsar con mayor fuerza la responsabilidad social y ética empresarial.

Ahora, por ejemplo en Bélgica, se aplica una ley de la etiqueta social que garantiza a los consumidores que los productos han sido elaborados con respeto a los derechos laborales, sin mano de obra infantil y sin discriminaciones de ninguna clase. En Francia se obliga a las empresas a publicar regularmente un informe social y medioambiental. En Inglaterra las empresas administradoras de pensiones deben informar sobre los criterios éticos, sociales y ambientales que utilizan en sus inversiones. En Italia se da preferencia en los contratos estatales a las empresas con producción socialmente responsable. En Noruega casi todas las Pymes realizan alguna acción social. En Estados Unidos alrededor de cien grandes empresas ejecutan un programa de trabajo voluntario de sus millones de empleados. Y en Brasil, América Latina, se ha creado un instituto empresarial llamado Ethos y muchas empresas unen esfuerzos con el presidente Lula da Silva para ejecutar exitosamente el Plan Hambre Cero.

Pero la ética empresarial no sólo produce beneficios sociales. También incentiva el desarrollo de los mismos negocios, tal como lo señaló el Subsecretario Adjunto de Comercio de Estados Unidos, Walter Bastián, en la reunión de la semana pasada en la que los empresarios privados nicaragüenses en la que adoptaron la Guía de Ética Empresarial.

Ahora el reto de los empresarios es ajustar su conducta a esa guía de ética. Y deberían comenzar asumiendo una actitud más consecuente en la negociación para mejorar el salario mínimo. No en la proporción desmedida que exige la burocracia sindicalista sino en un porcentaje justo y razonable.

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